239 los gitanos, entre otros, que ejecutan bailes en dos filas paralelas, ataviados de vistosos y coloridos trajes y acompañados por bandas de música, principalmente bronces y percusión. Sin embargo, hay un personaje que, literalmente, se roba el foco de atención de los asistentes en esta celebración: un bailarín vestido con trajes de llamativos colores y oculto con una máscara de diablo, cuyo rostro se asemeja al de los dragones chinos, quizás por la influencia de los inmigrantes orientales que se asentaron en la zona norte de nuestro país para trabajar en las salitreras. Efectivamente, la colorida máscara de diablo tiene largos cachos ondulados, ojos desorbitados y saltones, de la boca aparece una lengua en forma de serpiente y de la cabeza surge un dragón como corona. Cabe preguntarse qué hace el diablo en una celebración dedicada a la Virgen. Es como si alguien ingresara a la fiesta de su principal enemigo y sin invitación previa, porque en la tradición católica hay dos personajes que han demostrado su supremacía sobre el demonio: el arcángel San Miguel y la Virgen María; ambos personajes sagrados han sido representados pisoteando y derrotando al diablo, como un demonio alado, en el caso de San Miguel, o en forma de serpiente, en el caso de la Virgen. En el fondo, las diabladas consisten en la escenificación de la permanente lucha entre el bien y el mal. Mientras que las cofradías bailan en procesión realizando coreografías preparadas a la largo de todo un año, el diablo danza a su propio ritmo, con enérgicos e histriónicos saltos, representando a cabalidad el rol que desempeña Satanás en la vida terrena: distrae, confunde y tienta a las personas a que abandonen el buen camino. En estas celebraciones, el diablo intenta distraer a los bailarines de las cofradías para que detengan su baile de alabanza a la Virgen o se desvíen del trayecto que los lleva a rendir su homenaje a la Santa Patrona. A su vez, las bailarinas de algunas cofradías, que visten polleras cortas que dejan ver su ropa interior y muestran los calzones deliberadamente al Mandinga para distraerlo de su misión. Toda esta confrontación se desarrolla hasta el altar donde se encuentra la Virgen, donde los cófrades la saludan y le rinden tributo, mientras que el diablo se postra y se saca la máscara, como una manera de reconocer su derrota. COMO ALMA QUE LLEVA EL DIABLO
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