198 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE De acuerdo con lo que describe el periodista, si la ciencia médica no fue capaz de brindar soluciones al mal que afectaba a Nancy, la religión sería capaz de ofrecerlas. Luego de consultar con el diácono de la parroquia, el tema llegó hasta el propio obispo castrense de la época, el padre Joaquín Matte Varas, quien habría firmado un decreto para que un sacerdote de Melipilla, experto en exorcismos, tomara cartas en el asunto. Ya no había dudas: si la única alternativa que recomendaba el obispo era un ritual de exorcismo, a todas luces el caso se trataba de una posesión demoníaca. Sin embargo, Muray asegura que el rito no se llevó a cabo, por el miedo que invadió al sacerdote, luego de conocer a la supuesta poseída. Ante el primer intento fallido, el diácono de la capilla contactó a la familia afectada con un sacerdote alemán, quien los habría citado al convento de la orden dominica en Las Condes para realizar el ritual que purgaría a los demonios, liberando el alma de la catequista. A estas alturas de la historia, Nancy apenas hablaba y no reconocía a casi nadie, ni siquiera a sus familiares. Sin embargo, antes de ingresar al templo, reaccionó con violencia ante una imagen de la Virgen María, imprecando con una terrorífica voz gutural a la imagen de la madre de Cristo. Nuevamente, el exorcismo no pudo realizarse y la familia regresó a casa con una sensación de impotencia y con Nancy sumida en un profundo mutismo, que se interrumpió brevemente y de forma espeluznante: nuevamente habló con voz ajena, diciendo “no nos llevamos a quien vinimos a buscar”, lanzando una carcajada que heló la sangre de sus acompañantes. En este punto, el relato se vuelve aún más escabroso: ante los fracasos de la medicina y de la religión, el marido decide buscar el consejo de una bruja de Talagante, quien le aseguró que su mujer había sido víctima de un “trabajo” y que, para recuperar su salud, debía realizar un complejo ritual, prendiendo cada día una vela de distinto color durante una semana, y rezando oraciones hasta que cada vela se consumiera. El último día, mientras Cid realizaba el ritual, se sintieron fuertes golpes por fuera de la casa y la condición de Nancy pareció empeorar. Ya nos encontramos en enero de 1994 y nada, aparentemente, daba resultados en beneficio de la salud física y espiritual de la mujer. Un matrimonio amigo de la familia recomendó los servicios de una espiritista de Quilicura, quien, en vez de requerir la presencia de Nancy, solicitó conocer la casa donde se desencadenaron los fatídicos acontecimientos. Era verano y las altas temperaturas se sentían incluso durante la noche, pero ocurrió que, cuando iban en el vehículo desde la casa de la médium hasta la población Juanita Aguirre, la temperatura descendió de forma abrupta y una densa neblina se dejó caer en la ruta. Cuando esta se disipó, descubrieron que se encontraban en la comuna de Pudahuel, como si este fenómeno climático fuera producto de la acción de una fuerza maligna que quisiera impedir la intervención de la espiritista.
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