EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

188 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE El campo chileno es fértil en historias de pactos, donde algún desdichado, envenenado de codicia, decide vender su alma al diablo a cambio de riqueza rápida y fácil. Tanto es así, que en muchas localidades el pacto con el Señor de las Tinieblas es la explicación más a mano para el cambio de situación de un vecino que transitó de la pobreza a la abundancia en poco tiempo. Tapia Canelo aborda la leyenda de los pactos con el diablo agregándole una inédita arista: la leyenda de los tres monitos. De esta manera, cuando alguien convoca a Satanás para venderle su alma al mejor precio posible, este le agrega una condición adicional: junto con la riqueza inmediata, el Señor de los Infiernos le hace entrega de tres monitos encerrados en una jaula metálica, los que representan la prenda de garantía del contrato. Así, junto con entregar su alma, el solicitante debe comprometerse a cuidar de estos animalitos hasta que se cumpla el plazo fatal. En el caso de que los monitos consigan escaparse, la desgracia recaerá sobre el responsable de su cuidado: la riqueza desaparece tanto o más rápido de lo que llegó, sobreviene la enfermedad, hasta que la persona fallece, y en ese momento el Cola de Flecha aparece anticipadamente para cobrar su parte del acuerdo. En el relato se incluye el testimonio de inquilinos que aseguran haber visto tres monitos enjaulados en la hacienda de su patrón y que también dan fe del celo con que los simios eran cuidados para evitar que se escaparan. Sin embargo, a pesar de tanta preocupación y tanto desvelo, no era raro que los traviesos animalitos consiguieran arrancarse, provocando desdicha, pobreza y enfermedad casi con efecto inmediato. Tapia Canelo señala que, si una persona encuentra estos monitos y los adopta, sin saberlo recibe los beneficios y asume los costos de un pacto que nunca firmó. Finalmente, el autor asegura que en algunas elegantes y antiguas casas patronales de Los Andes se han encontrado tres monitos tallados en piedra, ubicados estratégicamente en un lugar visible del jardín principal, para honrar un pacto realizado con el más espeluznante socio posible: el diablo.

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