148 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE Hace algunas décadas, cuando la señora María recién había adquirido ese terreno junto a su marido y apenas tenían una mediagua para vivir, estaba chancando maíz en un mortero para dejar listo el almuerzo para el día siguiente, antes de salir a cuidar las cabras. De la nada apareció un viejo andrajoso, destartalado y mal vestido, que llegó hasta allí a para pedirle agua. A la distancia, la señora María pensó que se trataba de un viejito del pueblo que siempre andaba de casa en casa mendigando cosas, así que lo trató amablemente y le dijo: “Tanto tiempo sin verlo, quiere que le ofrezca un poco de agüita”. El viejito, secamente, le respondió: “Usted no me conoce de nada a mí”. Extrañada por la rudeza de la respuesta, la señora María le preguntó en qué podía ayudarlo. “Usted no puede ayudarme a mí. En cambio, yo sí puedo ayudarla a usted. Yo sé que acá, en su terreno, hay una piedra que tiene siete hoyitos. Esa roca corresponde a la tumba de un indio y hay una carga de plata ahí, un entierro. No es una gran fortuna, pero te va a servir. Llévame hasta allá y yo te voy a contar cómo sacar el entierro”. “Yo sé que acá, en su terreno, hay una piedra que tiene siete hoyitos. Esa roca corresponde a la tumba de un indio y hay una carga de plata ahí, un entierro”.
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