EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

125 El ascenso no fue nada de fácil, sobre todo considerando la pesada carga que sostenían las mulas en sus lomos. Pero, así y todo, alcanzaron la cima y enterraron el tesoro, tal como se había dispuesto. Tras tan dura faena, el español cayó rendido de agotamiento y, mientras dormía, Lautaro amotinó a los indios, quienes dieron muerte al conquistador con macanas y palos. Luego de eso, Lautaro tomó los caballos y emprendió camino hacia el sur, para liderar a su pueblo en la rebelión contra el invasor español. ¿Y qué sucedió con el oro? Nunca más se supo: Lautaro jamás regresó a la cumbre del Gulutrén y Pedro de Valdivia murió sin saber dónde estaba enterrado su tesoro. Esta leyenda motivó a aventureros y cazafortunas a buscar el tesoro español en la cima de este cerro de la actual Región de O’Higgins, sin resultados favorables. Sin embargo, la leyenda cuenta que quien encontró el tesoro fue el diablo, quien ocupó el oro para fabricar pesados tejos para jugar a la rayuela, lanzándolos desde la cumbre del cerro hasta el sector de Larmahue. Con los dorados tejos, el Cola de Flecha disfrutaba su gran pasión: la rayuela. Y en Peumo la población se estremecía de pavor al escuchar sus sonoras y macabras risotadas; o al sentir cómo se movía la tierra cada vez que los pesados tejos se estrellaban contra el suelo. Como el diablo hacía y deshacía en la cumbre del Gulutrén, por mucho tiempo ningún humano se atrevió a escalar el cerro, hasta que el cura de Peumo, con ayuda de sus feligreses, instaló una enorme cruz de hierro para ahuyentarlo. ¿Y el oro? Se supone que el diablo, ni corto ni perezoso, alcanzó a llevarse sus valiosos tejos al mismo infierno, donde continúa jugando a la rayuela. DONDE EL DIABLO PERDIÓ EL PONCHO

RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy