114 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE El cerro Tren Tren en Doñihue, al igual que el Gulutrén, es considerado un cerro sagrado por los pueblos originarios, debido a uno de los principales mitos de la cosmovisión mapuche: el Tren Tren, combinación de montaña mágica y espíritu benefactor, prestó asilo a los hombres para protegerlos del Kai Kai, un espíritu maligno, con cuerpo de serpiente y cabeza de buey, que gozaba haciendo daño a hombres y mujeres. Y si fueron sagrados para los pueblos prehispánicos, en los albores del siglo XX, la cruz del cerro Gulutrén también era objeto de culto para los peuminos. En “Folclor chileno”, Oreste Plath señala que cada 1 de mayo se realizaban procesiones de peregrinos para pedir favores o pagar mandas, en el contexto de una verdadera celebración religiosa popular. En la tesis titulada “Imaginario colectivo en la Cruz del cerro Gulutrén, Peumo 2010”, de Elizabeth Rivera y Catherin Silva, se especula que esta cumbre pudo haber sido un volcán de la cordillera de la Costa y, por esa razón, los mapuche le rendían culto al espíritu que habitaba en su interior, porque de esta cumbre salía humo y fuego; y también se producían fuertes movimientos de tierra y sonoras detonaciones. Eso explicaría el origen su nombre: Gulutrén, morada del diablo. La llegada de los conquistadores españoles, con el objetivo de evangelizar, intentó soterrar todo mito y toda creencia de los pueblos originarios, con el opresor peso de la cruz del catolicismo a lo largo de todo el continente americano. El cerro Gulutrén, en Peumo, no fue la excepción. La historia establece que el sacerdote Arturo Zúñiga (1758-1812) fue el responsable de erigir la primera cruz fabricada en madera sobre este cerro (sin fecha confirmada); y que la actual cruz de hierro fue instalada en 1897, y restaurada en 2017. Sin embargo, existen antecedentes orales que aseguran que, posterior a la realización de los concilios de Lima (1550-1583), los cuales mandataron la exterminación de los cultos erróneos y las creencias supersticiosas de los indígenas, se habría asentado una primera cruz de madera en la cima del Gulutrén, para anunciar y confirmar el advenimiento del nuevo y único Dios cristiano. Así, producto de la intromisión de un nuevo Dios ajeno, simbolizado por la instalación de una cruz en un recinto de idolatría mapuche (sobre todo, en el caso de un cerro llamado “morada del diablo”), se generó un verdadero caudal de leyendas en todo el territorio con el diablo como actor protagónico. Efectivamente, los cimientos de la cruz del Gulutrén esconden la historia de una verdadera “guerra santa”, sostenida entre los representantes de Dios en la tierra y el diablo, que tiene una particularidad diferenciadora respecto de otros “diablos” de distintos territorios de la zona central de Chile. El principal pasatiempo y casi vicio de este diablo era el juego de la rayuela.
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