HISTORIAS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS 2021

Historias de los Pueblos Originarios escritas por niñas y niños de Chile 81 pero para donde fuera, el espíritu lo encontraría y lo mataría. Al llegar al lugar, había una fogata gigante con mucho humo que la rodeaba. Los hombres se pusieron en círculo y en una roca alta posaba un cuerpo gigante con su rostro cubierto y resto pintado de color rojo, igual que él, pero en vez de líneas tenía círculos blancos. En ese momento, los hombres comenzaron a gritar y decir: “¡Onoru, Onoru, no bajes la mirada!”. Este cuerpo gigante comenzó a acercarse, y quedando más o menos a un metro de él, se quedó quieto, como si lo estuviera mirando fijo; cuando de repente, se impulsó y lo empujó. Onoru cayó lejos y se paró rápidamente; fue así como luego lo botó y comenzó la lucha. Onoru claramente medía mucho menos que ese cuerpo gigante, tratando de defenderse con golpes de puños y patadas, escuchó la voz de su padre diciendo: “¡Basta la lucha!”. Onoru, agitado, lo miró y el padre le dijo: “Quítale la máscara”. El cuerpo se agachó y Onoru le sacó la máscara, dándose cuenta de que era un hombre de la aldea preguntando: “¿Por qué?, ¿de qué trata esto?”. El padre se acercó riendo junto a los demás hombres y le dijo: “Ya eres todo un hombre, debes actuar como tal, no debes hablar de esto con tu madre ni con nadie de la aldea, si no serás hombre muerto”. Fue ahí cuando Onoru comprendió el engaño de su tribu, que les enseñaba a todos la existencia de espíritus juzgadores. Dicho cuento hacía temer a sus madres y hermanos; mentira que hacía que ninguno quisiera cumplir ocho años. Las mujeres tenían que hacer lo que los hombres decían, si no también serían sometidas ante los espíritus justicieros, espíritus que claramente nunca existieron más que en sus mentes y se fueron transmitiendo de generación en generación. Hoy en día, aún se comenta en mi región (Magallanes) la existencia de tribus nómades, de sus creencias y espíritus, cuentos que en esta zona son relatados por oriundos a quienes seguramente sus padres se las contaron, y me imagino que seguirá siendo así.

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