HISTORIAS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS 2021

FUCOA. Ministerio de Agricultura 80 El día llegó y Onoru no durmió prácticamente en toda la noche, imaginando cómo lo recibiría aquel espíritu tan nombrado. Al levantarse, fue bañado por su madre; mientras lo hacía, sus lágrimas corrían por sus mejillas. Onoru solo quería escapar, salir corriendo sin rumbo ni nada, tomar la mano de su madre y huir; era una pena enorme, ya que además no podía acompañarlo. Había un ruido muy fuerte que venía desde muy cerca, sintió Onoru… Era su estómago, sus nervios, su miedo. Llegó el dí,a y para empeorar más la cosas, Onoru era el único niño de la tribu que cumplía sus ocho años de edad. Luego de su baño, su madre se acercó con pintura roja, con la que cubrió todo su cuerpo; luego líneas blancas lo rodearon, y en ese momento, escuchó la voz dulce de su madre diciendole que fuera muy valiente y que ella lo esperaría y estaría rogando a los demás espíritus para que el espíritu juzgador tuviese compasión con él y así no lo matara. La aldea comenzó a cantar cada vez más fuerte como rezos implorando buena fortuna para Onoru, pero le llamaba la atención la serenidad de los hombres, incluyendo a su padre, los que esperaban pacientemente a que estuviera listo para llevarlo al lugar de la ceremonia. Ya listo, Onoru se acerca a su madre y hermanos; tan solo los abrazó sin decir ni una sola palabra, ya que su estómago no lo dejaba hablar por el ruido interior. Se dirigió hasta donde estaban los hombres y comenzaron la ruta caminando kilómetros de distancia desde su aldea. Por el camino, su padre le dijo: “Debes ser valiente y no demostrar jamás miedo ni bajar la mirada, ya que dicha actitud le molesta demasiado al espíritu”. Asustado más aún, Onoru no quería seguir caminando, pero tampoco se atrevía a decirle a su padre lo que le estaba pasando; su corazón palpitaba muy rápido, pero el miedo a las burlas y a la desilusión de su padre lo hicieron callar, menos desobedecer, queriendo arrancar, escaparse,

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