::89:: Historias de los Pueblos Originarios escritas por niñas, niños y jóvenes de Chile Joaquín y Eluney Joaquín Eduardo Valencia Silva 9 años Petorca, Región de Valparaíso Segundo lugar regional 2020 En los pies de la cordillera, bajo un cielo celeste donde se pueden ver las estrellas, rodeado por un río que clama en lo más profundo de su ser, sentir nuevamente el caudal de sus aguas, se encuentra un pequeño pueblo llamado Chincolco. Su nombre significa agua de chincol, eso quiere decir que nuestros antepasados vivieron rodeados de agua cristalina proveniente de nuestra majestuosa cordillera, gracias a nuestra madre tierra. En el pueblo vive un niño llamado Joaquín, a quien le gusta disfrutar de la vida campestre rodeado de naturaleza y animales de la zona. Joaquín despierta por las mañanas con el cantar de los pajaritos que duermen en la higuera del patio de su casa. Un día, Joaquín escuchó a su abuelo hablar sobre los guanacos; el niño se interesó tanto por estos animales, que quiso conocerlos, y trató de preguntar a quien supiera respecto de estos animales. Fue así como en una ocasión en la que fue a buscar leña para abrigar los fríos días de invierno, con su padre y abuelo se adentraron en unos cerros lejanos en el interior de Chincolco, y descubrieron una manada de guanacos alimentándose de pasto. Sorprendidos de lo tan cerca que estaban de esta manada, se quedaron en silencio a contemplar el actuar de estos bellos animales. Joaquín quiso seguir contemplando a estos animales, fue así como continuó yendo de excursión al cerro y se sentaba tardes enteras a mirar las manadas de guanacos. Un día pudo acercarse un poco más cerca de una cría de guanaco; sus miradas se cruzaron y el niño sentía que el animal algo quería decirle, tenía una mirada tierna pero a su vez un poco temerosa. Con el pasar de los días, siempre se conectaban a través de los ojos, hasta que un día el niño pudo sentir palabras en su cabeza, y pensó: «Creo que el silencio de la naturaleza me está haciendo escuchar cosas que no son». Un día pasó algo inexplicable: el niño pudo sentir al despertar muchos saludos de «Buenos días»; increíblemente, eran los pajaritos que dormían en su higuera. Al pasar de los días, descubrió que no solo podía oír a los pajaritos, sino que
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