::77:: Historias de los Pueblos Originarios escritas por niñas, niños y jóvenes de Chile El gato mapuche Emily Vázquez Ruiz 10 años Laja, Región del Biobío Segundo lugar regional 2021 Un día, el pequeño gatito llamado Raiko se había levantado con ganas de jugar con sus dueños. Salió de la pequeña choza y se encontró con sus dos dueños hablando de algo sumamente importante. Raiko no entendía nada de lo que estaban hablando. Entonces, para llamar la atención, lanzó un fuerte maullido. Dijo: “Miau” y sus dueños lo miraron y dijeron: “¡Raiko, despertaste!”. Raiko miró a sus dueños de reojo y vio que no estaban muy felices; el pequeño estaba muy confundido. Lo que sucedía era que el dios El Mapu había sido capturado por el demonio Wekufe, ya que El Mapu estaba distraído porque estaba ayudando en las cosechas a las personas, y para Wekufe fue el momento indicado para atacar. Las cosechas de la tribu estaban por los suelos; las personas tenían que cazar para alimentarse, ya que las cosechas estaban muy mal y no eran comestibles. Tenían que cazar muy lejos de donde estaba su tribu, porque los animales no estaban por la zona que ellos cazaban habitualmente, ya que las plantas no crecían allí. Raiko, al ver todo esto, pensó que podía ir al bosque para encontrar a El Mapu y pedirle que ayude a su gente con las cosechas. Raiko se armó de valor y con un poco de miedo se adentró al bosque. Raiko miró hacia todas partes y solo vio árboles secos con hojas cayendo de ellos. Se adentró más al bosque y seguía viendo lo mismo, hasta que encontró un trono hecho de madera y vio a pequeños pájaros llorando en el asiento. Raiko les preguntó en su idioma gatuno dónde estaba El Mapu. Los pajaritos lo miraron y le dijeron que el rey Wekufe lo había capturado. Raiko, con un poco de miedo, se adentró más y más al bosque hasta que se hizo de noche; el pequeño gato tenía hambre y sueño y se había arrepentido de no haberse comido esos pájaros que estaban en ese trono. Los dueños de Raiko estaban muy preocupados por su pequeño gato; gritaban y gritaban su nombre y con lástima seguían gritando.
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