::141:: Historias de los Pueblos Originarios escritas por niñas, niños y jóvenes de Chile — No ha funcionado ¡Al agua! — ¡No sé si funcionará! ¡Es una bruja! —terminó de decir un hombre, antes de que ella hablara. — ¡Por favor, por favor! —sollozaba ella—. ¡No soy una bruja, lo juro, tengan clemencia! Quería salvar su vida, sin embargo, por la posición en la que la habían amarrado le era imposible moverse un centímetro. La lanzaron por tercera vez al agua. Sus pies estaban a unos metros de tocar el fondo. Y se encontraba en la parte más profunda del lago. Tenía los labios amoratados, hacía minutos que había perdido el conocimiento. Esta era la segunda persona a la cual no había podido curar… su tía había muerto sin que ella pudiera hacer nada. Y tampoco había podido evitar que las aguas la dejaran sin respiración. Para cuando la sacaron, su respiración se había extinguido por completo. Así terminaba de contar la historia el anciano a sus cinco nietos, quienes lo visitaban durante aquel caluroso verano. Sin darse cuenta, había caído la noche, mientras que los niños habían estado escuchando la interesante historia de su abuelo. La fogata se había apagado lentamente con el escaso rocío que ya comenzaba a caer. Los cinco pequeños niños se fueron a dormir, imaginándose otras muchas historias que seguramente habían sucedido en el lago que los acompañaba con el vaivén de las aguas. Luego de su muerte, la gente que la había visto morir creyó que era una bruja débil y por eso había muerto, dejando así embrujado el lago, y cada muerte que ocurría dentro de las aguas del lago fueron asociadas a su poder.
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