::135:: Historias de los Pueblos Originarios escritas por niñas, niños y jóvenes de Chile Los gigantes que tenían el poder de invocar la fuerza de la Madre Tierra acabaron con el ejército del Supay, aprisionándolo. En ese momento el cuerpo de Inti ya estaba muy débil y moribundo. Quilla se acercó a él y le dijo: — ¡Lo derrotamos! Siempre te recordaremos. Puedes volver con tu padre. — Mi cuerpo físico morirá —dijo Inti— pero mi espíritu es inmortal. Quiero estar a tu lado para siempre y así cuidar este mundo al lado tuyo. — Sería muy feliz —dijo Quilla— si fuera posible acompañarte para siempre y cuidar de este mundo. — ¡Es posible! ¡Lo puedo hacer! ¿Me acompañarías? — Sí, iré contigo. En ese momento, Inti muere con un resplandor muy fuerte. Su espíritu se separa de su cuerpo físico, liberando al dios Sol. Entonces el espíritu celestial de Inti juzga a Supay aprisionándolo en el inframundo por siempre, liberando al mundo de la oscuridad. Al retornar del inframundo, el dios Sol invita al espíritu de Quilla a ir con él y ella acepta. Elevándose juntos prometieron siempre cuidar del mundo. Es ahí donde Inti resplandece con tal fuerza que se convierte en el dios Sol, creando el día, y Quilla, con todo su amor al mundo, promete que nos cuidará y se convierte en la Luna creando la noche. Los gigantes aun resguardan a la Pachamama en forma de montañas en todo el mundo. Finalmente, el dios Inti y Mama Quilla deciden enviar a sus dos hijos a la tierra y les encargan crear el más grande imperio que este mundo haya visto. Es así cómo nace el gran Imperio incaico.
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