::129:: Historias de los Pueblos Originarios escritas por niñas, niños y jóvenes de Chile El zorro escuchó feliz y volvió a su hogar donde la tierra le anunciaba a través de unos bultos, que ahí se escondían ricas papas para hervir y comer, pero sobre todo para aprender a cuidarse por sí mismo. El animal aprendió a hacerlo y pronto el valle se hizo pequeño y debió continuar sembrando más y más arriba, en el altiplano, hasta Isluga, y esos cultivos, en los que la papa crece generosa, no dejaron de reproducirse sin temor al calor o al frío, hasta el día de hoy.
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