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43 Proyectos desarrollados Si bien podría considerarse que los proyectos más relevantes dentro de la vida de don Germán son los que guardan relación con el desarrollo de la ganadería, lo cierto es que las dimensiones de la vida en el altiplano son tan amplias y variadas, y tan alejadas de las dinámicas de las ciudades, que una persona que nace y se cría entre el asfalto, el alcantarillado y que nunca ha tomado agua desde la propia vertiente, quizás nunca se podría imaginar cuánta importancia tienen otro tipo de iniciativas. Fue mi caso cuando, una vez finalizada la recopilación de los proyectos desarrollados (corrales, mejoramiento de bofedales, vicuñas, etno-veterinaria…), don Germán me pregunta: “¿Y la antena no la va a poner?”. La antena es una torre que instaló una empresa telefónica afuera de su casa, y su relevancia es fundamental. Previo a la instalación de la antena, me cuenta que los dirigentes -y los vecinos, en general- se comunicaban a través del humo. Debido a que las casas están muy distantes entre sí, no había manera de habitar la inmediatez. Si ocurría una situación urgente y repentina, la única forma de dar aviso al vecino era prendiendo una fogata para advertirle que algo había pasado: cuando prendían una vez el fuego, quería decir que pasado mañana se reunían; si prendían tres veces el fuego, era una señal de que mañana, urgente, se juntaban, “pero si es que lo vieron”, aclara. Don Germán me cuenta que, dependiendo del humo que vieran a lo lejos, podían decir: “aaahh, es importante; va a venir el alcalde o algo así”. Relata que en las asambleas acordaban cuáles iban a ser las señales. Termina afirmando que “antes no había cómo comunicarse. Por eso nadie quería ser dirigente”. La antena recién se instaló en Ancara el 2014. Fue él mismo quien ayudó a los trabajadores a llegar al punto que les mostraba el GPS. Para don Germán, por lo tanto, la instalación de la antena y, consecuentemente, la llegada de los teléfonos a Ancara, es de gran importancia. Hubo un antes y un después en cuanto a la comunicación con relación a la instalación de la torre. No se debe olvidar que el acceso al agua potable, a la luz, la comunicación y el transporte son elementos necesarios para vivir que, muchas veces, quienes vivimos en las ciudades, damos por hecho. En los casos del agua y la electricidad, don Germán dice que aún hay deficiencias en este aspecto: depende de un camión que le lleva el agua a su casa y utiliza paneles solares para producir la escasa energía que le permite usar un foco que le da luz por las noches. Aún destina tiempo de sus días a pensar de qué forma -a través de un proyecto, solicitud de una subvención, financiamiento propio- podría subsanar esas carencias y, evidentemente, a intentar llevar alguna de esas ideas a cabo. Su situación no es aislada, sino que representa a muchos comuneros y comuneras que aún residen en el altiplano, quienes no pocas veces son las y los habitantes únicos de un lejano pueblo al que el difícil acceso deja mucho que desear. Dicho esto, volvamos a lo que nos compete: el mundo ganadero en el altiplano.

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