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22 Rogativa a la lluvia Cuando era pequeño, para la ceremonia de la lluvia lo vestían de blanco. Menciona los nombres de viento y remolino en aymara: th’aia y sajra. Cuenta que dentro de esta ceremonia, el agua -que tenía que sacarse del mar- podía traer granizos, nevada o lluvia. El agua que sirve para llamar a la lluvia, afirma, “es la que está calmada y con el cielo nublado”. Cuenta que antes se llevaba a seis niñas y a seis niños vestidos de blanco y, de rodillas, se les pedía que rodearan un monolito. Las y los niños desayunaban qala t´anta (pan sin levadura), no sin antes hacer un estricto ayuno. Don Germán asistió a muchas rogativas a la lluvia siendo niño, y quiso representar cómo practicaban esta ceremonia en el cerro Ancara. Su papá junto a sus hijos mayores construyeron un monolito. El otro monolito estaba desde tiempo atrás. Don Germán no sabe de cuánto tiempo atrás. Para él, este siempre ha sido el cerro sagrado del lugar, donde hacen las ofrendas e inician las celebraciones. Dentro de un monolito hay una bandeja con unas piedras encima de aspecto fosilizado, a las que llama “pequeños meteoritos”. Un poco más abajo del sitio ritual hay una iglesia, también construida por su padre y hermanos mayores. Representación sobre monolito, Cerro Ancara. Registro personal.

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