DÉCIMAS PARA UNA NACIÓN. ANTOLOGÍA 1987-2016. EL CANELA

Decimas para una nación 10 Nelson Álvarez, el Canela, un hombre sin límites Fue mi primer profesor y el único que, sin tener estudios universitarios, me guió por el maravilloso mundo de la curiosidad intelectual-libre-popular, crítica y creadora. No llegué a ser más que un principiante, muy lejos de su profesionalismo, sin embargo, todas sus habilidades y las experiencias vividas con él enriquecieron mi vida y lo siguen haciendo hasta el día de hoy. Es un ejemplo de superación, desde los primeros minutos de vida. No sé si de niño habrá notado que tenía una discapacidad. Él salía a caminar, pese a que aprendió a hacerlo después que todos sus amigos; jugaba, corría, callejeaba y participaba de las pichangas. Mucho antes, cuando apenas había logrado manejar el arte de hablar, alegraba a los vecinos, compartía versos, chistes y desafiaba a la gente de su época, de su contexto, a verlo como un niño más, llegando incluso a posicionarse como “un chiquillo fuera de lo normal”, no precisamente por su discapacidad, ni por sus limitaciones físicas, sino por la perspicacia de su intelecto. Crecer cerca de un artista no es fácil, ver que tiene un trabajo en horarios no tradicionales, saber que de vez en cuando le toca viajar, verlo crear, mirar el cielo, escuchar el mar y escribir, o “salir a buscar el verso”, como dice él. De niño, una de las cosas que más me incomodaban, eran los paseos por el centro de Concepción; por cada cuadra que avanzábamos, había que parar a conversar al menos dos veces, con algún amigo o conocido. Para un niño que quería llegar luego a comprar un helado en la plaza era, claramente, un panorama fome; y para un universitario, que almorzaba un día a la semana con su papá antes de seguir las clases, tampoco tenía mucha gracia. No obstante, todo eso lo compensaba cuando me presentaba orgulloso con todos ellos, un orgullo que yo disfrutaba, sin entender, pero que, ahora siendo padre, lo comprendo y lo comparto plenamente. Fuimos muchas veces compañeros de trabajo, anduvimos por varios escenarios tocando juntos; yo con mi guitarra y él con sus versos. Él entretenía a la gente, desafiaba a los capos y ganaba los encuentros. Hoy sería algo así como “un rapero de los mejores”.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy