2010: Violeta de los Caminos 353 Segundo viaje a Europa Se embarcó en el Yapeyú con la gran delegación; representó a la nación con vigor de juventud. Esa fue una gran virtud de doña Violeta Parra que portando su guitarra empezó a cantarle al mundo con sentimientos fecundos y aquella voz que desgarra. Mil sesenta y cuatro, cogollito 'e perejil, el diecinueve de abril se formó tremendo taco. Sin hacer mucho alharaco, ni reclamar al voleo se instaló en el gran museo el hito de esta chilena, que es la mejor y más buena según como yo lo veo. El Louvre: lo más gigante, con toda su trayectoria es el museo en la historia del mundo más importante. Expertos y practicantes, profesores y aprendices suenan sembrar las raíces de su grandioso talento, como un reconocimiento de principales países. Los artistas de la plástica y todos los creadores ven en sus sueños mejores ensayar allí su táctica. Y demostrar esa práctica, como una ofrenda de amor, en el mundo lo mejor de todos los continentes quisieran estar presentes exhibiendo su labor. Con una enorme emoción Violeta sigue su curso recrea un viejo discurso en una nueva canción. Se le ensancha el corazón y lo expresa a su manera, en un trozo de madera que pinta con gran cuidado, y en sus tapices bordados en una humilde arpillera. Casi divino lo humano de su apariencia discreta lo que pensaba Violeta se hace real en sus manos. Con el recuerdo lejano del mar y la cordillera iba creando arpillera y esculturas en alambre, rimando va en un enjambre de versos la decimera. Veintidós las arpilleras: un plagio de la hermosura, y veintiséis las pinturas que exhibe por vez primera. Y lo hizo a su manera: nada dejaba al voleo y de su puerta al museo sacó la gruesa cadena, inigualable chilena que concretó su deseo.
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