352 Decimas para una nación Los campos peregrinó la acuciosa folclorista, también fue a Bellavista; su rutina diseñó. Escuchó y también cantó fue creando situaciones; la gente le dio canciones, su sencillez, su ternura y parte de esta cultura que agiganta a las naciones. Fue un museo nacional, que pasó a ser histórico de nuestro arte folclórico, nuestro acervo cultural. Expuestos en un mural, cual valiosos elementos los variados instrumentos: arpa, charango, cultrún allí colgados según donde proviene su acento. Fueron cuecas muy variadas chilota, nortina y larga, sureñas, dulces y amargas, bastante cuecas valseadas. Alguna que otra tonada van suaves como la seda, bellos cántaros de greda un charango, un guitarrón y de arcilla hay un jarrón que embellece la vereda. Artefactos, elementos urbanos o campesinos que a los hombres citadinos nos roban hasta el aliento. Exponer los instrumentos resguardados en su estuche, la orfebrería mapuche mezclada con la de España como si fuera cizaña se me atraganta en el buche. Llevó al guitarrón chileno, también una cascahuilla, herramientas de una trilla reunirse en su seno. El museo fue muy bueno, no se reunía a la mala; localizado en dos salas se solazan los turistas, lo celebran los artistas como una fiesta de gala. Fue Violeta quien peleó en la U de Concepción por la gran exposición, que ella misma diseñó. Fue el arte que se elevó y le dio tremenda altura a la patria, a la cultura, la gente estuvo feliz, se prestigia este país con tan valiosa postura. Violeta fue la gestora; se sentía interpretada, acogida y escuchada como recopiladora. La más flamante cultora, orgullo de la nación, en la U de Concepción hizo un aporte concreto revelando los secretos del arte y la ilustración.
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