348 Decimas para una nación La cosa es que se juntaron en un amor demencial que era multicultural con pasión se emparejaron. Por el mundo caminaron construyendo sus castillos entre versos y estribillos el amor siempre presente (lo ve todo el continente) refulgiendo con su brillo. Le decía: "mon ami", con un lenguaje bonito, o le decía: "chinito", en un tono muy feliz. "Aunque tú no estés aquí aquí ha quedado tu olor 'tá tu gato, 'tá tu flor y tu vieja chilenita te extraña tu Violetita que es tu vida y tu sabor." Con Gilbert era otra cosa; escuchó su dulce trino, fue el hombre de su destino en su vida venturosa. Que era verso, que era prosa, el alma de su latido y con sus cinco sentidos reservó los dos pasajes para terminar el viaje de lo amado, lo querido. Gilbert fue noche serena, y con su alma repleta amó y quiso a la Violeta, a la cantora chilena. Eran Bío Bío y Sena dos afluentes distintos, el "champagne", el vino tinto que nos muestran su sabor en la forma del amor parece que eran distintos. Y Gilbert hizo la suma desde aquí y por allá, en él depositará su humanidad y fortuna. Él fue su sol y su luna, sus cuecas y sus canciones, él fue sus cuatro estaciones, el varón, el caballero, el amor más verdadero en muchísimos rincones. Se querían, se buscaban con todos los elementos, hubo muchos desencuentros pero igual se la jugaban. Uno a otro disculpaban, hubo pasión y desgaste, desaciertos y contrastes con diferentes matices, dolores y cicatrices, que anunciaban el desastre. Fue perfume, fue clavel el más bello despertar, el río, el lago, la mar fue más dulce que la miel. Ella lo escogió a él como el hombre de su vida; no entiende la despedida que le cambiará su suerte y a la hora de su muerte lo recordó en su partida. De nuestra Violeta Parra nos quedaron sus canciones que mostró en muchas naciones siempre junto a su guitarra. Por eso aún me desgarra su sufrimiento y dolor, con tantas penas de amor que la hicieron infeliz olvidada en su país con desprecio y con rencor.
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