2010: Violeta de los Caminos 347 "El amor es una mancha que no sale sin dolor" y es una preciosa flor que se exhibe en toda cancha. Ella viajaba a sus anchas cerca y lejos del país pocas veces fue feliz, se entregó a sus emociones, sus raíces, sus canciones, mas se abrió su cicatriz. Entre gira y guitarreo, con la rapidez de un rayo, su querida Adela Gallo le entregó un juguete nuevo. Era un gringo y no era feo; era un auténtico suizo, na' que ver con los petisos, era un precioso diamante, antropólogo brillante, que la embruja con su hechizo. Declaró cuarenta y tres, la cantora, la poeta, nuestra querida Violeta de la cabeza a los pies. ¿Cómo lo hizo? No sé, la Viola se pegó el brinco y Gilbert con veinticinco quiso ascender a su rango, aprendió quena y charango pa' tocar en mil recintos. Él hablaba medio raro, como ya se sabe, pues con un acento francés se sentía en desamparo. Le iba a costar muy caro declararle su pasión, dicen que en esa ocasión entre alegrías y boche, conversaron por la noche de cosas del corazón. Antropólogo brillante, administró sus segundos y caminó por el mundo con un sensible talante. Era culto y elegante, y admirador de Violeta, sus décimas y cuartetas como gringo, a su manera, sus canciones, su arpillera, sus comidas y recetas. El tocaba el clarinete, y era un cultor del jazz, con un tono muy veraz hacía lindos falsetes. Aquí encontró un ramillete de melodías serenas, escuchó zampoña y quena él aprendió muy contento y tocó con gran talento por la América morena. A Violeta le gustaba la presencia del vikingo y decía que este gringo a ella la entusiasmaba. De su vida le contaba, de su hermano Nicanor, de la ruta del amor, que ha vivido de año en año, de pasión y desengaños y las cosas del folclor. Él buscaba su aparejo, peregrinaba en el mundo, no era un hombre iracundo, prefería el "vino añejo". Aunque venía de lejos, admiraba a los chilenos y en su talante sereno se sentía como artista amaba a la folclorista tremebunda como un trueno.
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