2010: Violeta de los Caminos 345 Al otro lado del duelo se instaló la chillaneja que sin complejo y sin queja era dueña de esos cielos. Ya tenía sus desvelos, muchos sentimientos varios por el joven ferroviario que de "corto" no se queda era don Luis Cereceda elegante y temerario. Se casó en el treinta y ocho en traje blanco de seda, con don Lucho Cereceda; lo pasaron bien lo rocho. El hombre tuvo un sorocho, su mujer era famosa, ganó una mención honrosa en esos preciosos días porque era su poesía, tan creativa y hermosa. Ese hogar de ferroviario tuvo chispa, ñeque y garra, ideales y guitarra, sentimientos solidarios. Los del mundo proletario eran obreros de izquierda, junto a Pedro Aguirre Cerda, el flamante presidente, nace un nuevo referente que todo Chile recuerda. Violeta fue compañera y más clara que la luna eso fue su gran fortuna como gran mujer entera. Agregaba a la carrera el perfil de luchadora a la mujer pobladora, organizó en su momento demostró sus argumentos con presteza y sin demora. Ella se enlaza en la suerte de todos los desvalidos, explotados y oprimidos que defendió hasta la muerte. Su templanza la hizo fuerte y discutió en mil debates y nunca dejó el rescate de la canción campesina, de los hombres de la mina contra siniestros embates. A este varón comunista, machista por convicción, le va a causar aflicción que su mujer sea artista. Que cante de pista en pista al hombre le causa encono, y desde un airado tono se lo reclama a Violeta: “está mala tu receta" y allí empezó el abandono. Esta mujer muy sonora muy distinta, muy choraza, nunca fue dueña de casa, sólo quiso ser cantora. En semanas días y horas ya plasmó su vocación y toda su creación ella quiso defender fue cantora y fue mujer, un mar de contradicción. Cereceda con inquina no dio su brazo a torcer: "¡En su casa la mujer sus hijos y la cocina!". Se empecinó en la rutina, no será muy novedoso era un poquitín celoso, reclamaba a su chicuela, iba a nacer la Chabela en los años más gloriosos.
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