::91:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS LARIX, UN SOLITARIO ALERCE Gonzalo Llaito Durán Segundo lugar regional Cochamó 14 años ¡Hola! Mi nombre es Pepe, la roca, y soy el narrador. Pero no hablemos de mí, hablemos de Larix, el alerce. Hace mil setecientos años, un pequeño brote nació de la tierra, un alerce, se llamaba Larix y desde el primer día, estuvo solo. Yo lo vi, pero como soy una piedra, no pude ayudarlo. Pasaban las décadas y Larix crecía, pero seguía solo. Sin embargo, un día aparecieron cinco brotes distintos y Larix no lo podía creer. Así fue como conoció a Coi-Coi, el coihue, Olvillo, el olivillo, Olmo, el ulmo, Teno, el tineo y Lengu, la lenga. Pasaron años hablando y jugando, décadas, siglos, pero un día Olvillo decayó, se secó lentamente, Larix intentó ayudarlo, mas no se pudo hacer nada y Olvillo murió. Larix quedó devastado. Coi-Coi y Teno se sintieron fatal, no hablaban, no reían y aunque se veían bien de salud, por dentro, Coi-Coi se sentía seco y Teno sentía en su interior un incesante diluvio. Años después, Teno se ahogó de pensamientos y Coi-Coi se quebró mentalmente, lo que —junto a su avanzada edad— culminó con la poca vida que tenían. Olmo y Lengu se mantenían estables, y Larix, aunque algo deprimido, mantenía la chispa que unía al grupo. Un día de tormenta, el pequeño grupo disfrutaba como sedientos la húmeda lluvia, cuando de repente, un veloz rayo, impactó en Lengu. El golpe fue contundente, pero no fue lo peor. La gran descarga eléctrica generó el mayor miedo de un árbol, el fuego. El terror inundó la atmósfera, y no podían hacer nada. De golpe, la lluvia se transformó de un goce a un desesperado intento inútil de apagar las llamas candentes que desgarraban al pobre Lengu. Las cenizas volaban con el viento y no había escapatoria. Al parecer, el cielo odiaba a Lengu y, no conforme con el sufrimiento que le generó, le tiró otro rayo, pero este era iracundo, tanto, que el choque lo partió. No había razón ni pretexto para explicar este berrinche de las nubes, pero podían y lo hicieron. Larix y Olmo trataron de sobrellevarlo, pero no sabían cómo. Un día, Olmo le pidió hablar sobre algo importante a Larix: —¿Dime qué sucede, Olmo? —preguntó Larix, impaciente por la respuesta. REGIÓN DE LOS LAGOS
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