ANTOLOGIA 2025

::89:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS LA MULA DE LAS TRES NOCHES Gabriel Velásquez Gualaman Tercer lugar regional Lago Ranco 14 años En un rincón olvidado del campo, entre los cerros que aún tenían ecos de voz, ahí vivía don Pedro, un hombre anciano. Tenía las manos heridas por el trabajo y el corazón lleno de recuerdos. Su vida giraba en torno al campo, la tierra, los cultivos y los animales. Él se levantaba antes del alba a arrear sus ovejas, cortar leña y rezarle a los santos para que la lluvia llegara a tiempo. La vida del campo no era fácil, pero estaba acostumbrado, ya era suya. Don Pedro tenía una mula vieja, a la que llamaba Canela. No era cualquier animal, la gente decía que esa mula sabía el camino de regreso, aunque estuvieran perdidos en lo más profundo del bosque, y que nunca fallaba cuando había que cruzar un río. Era su fiel compañera de vida y más de una vez le había salvado de quedarse atrapado entre las matas del bosque. Una noche, mientras don Pedro tomaba mate al lado del brasero, su nieto Benjamín, recién llegado de la ciudad, le preguntó si era cierto que en el campo se aparecían cosas. —Aquí, hijo, hay más cosas que estrellas en el cielo —le dijo don Pedro entrecerrando los ojos—, lo que pasa es que uno aprende a callar porque los que no han vivido acá no entienden. Entonces, con voz pausada, le contó la historia de la mula de las tres noches, era una leyenda vieja que hablaba de una mula blanca que se aparecía a quienes querían abandonar el campo por ambición o vergüenza. —La primera noche la ves en la esquina del corral mirándote fijamente, la segunda la oyes respirar en la oscuridad, y la tercera, bueno, si lograste sobrevivir las dos primeras noches, la mula hará todo lo posible por matarte y no hay cuarta noche, sino sería “la mula de las cuatro noches”—dijo riendo. Benjamín se rio. —¿Y a ti te pasó? —le preguntó. Don Pedro guardó silencio, la luna iluminaba el patio y a la distancia un rebuzno corto quebró el silencio. —Uno no siempre elige dónde echar raíces, pero si el campo te llama, no lo ignores, él tiene memoria, y no olvida a los suyos —dijo don Pedro. Al día siguiente, Benjamín no volvió a hablar de la ciudad. Aprendió a cortar pasto con guadaña, a ordeñar con paciencia y a escuchar el viento cuando le contaba secretos en los robles. Desde entonces, cada vez que alguien piensa en dejar la tierra que lo vio nacer, recuerda la historia de la mula y espera no verla nunca tres veces. REGIÓN DE LOS RÍOS

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