::69:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS EL ÚLTIMO VAGÓN Cristian Gutiérrez Quevedo Tercer lugar regional San Javier 13 años Cada noche lluviosa, entre truenos y relámpagos y a pesar del ruido, se sentía pasar un tren cerca del bosque. Podía ser a cualquier hora, solo tenía que llover muy fuerte, esa era la única condición. Muchos decían que era el antiguo ramal, el mismo que cruzaba ríos, cerros y pueblos, pero en las noches de lluvia intensa, parecía convertirse en otra cosa, algo distinto, algo que no estaba en ningún mapa. Una de esas noches fui a la estación del ramal. A medianoche pasó el tren, yo subí al último vagón, y para mí sorpresa vi que había muchos niños. Los niños que viajaban eran pobres y no tenían dónde vivir o dormir, habían sido abandonados por sus padres. En el trayecto del viaje, vi a todos los niños, algunos estaban hablando y otros contando experiencias, yo solo observaba. Todos estaban felices ya que tenían amigos nuevos, comida y protección. Sin embargo, a mitad del recorrido, algo cambió. El tren se detuvo bruscamente en la estación de Talca completamente cubierta de niebla. Las luces se apagaron, los juegos se interrumpieron, las risas se apagaron y un silencio tenso cubrió todo. Unos pasos metálicos resonaron en el pasillo, era el inspector, con una voz grave dijo: —Alguien de ustedes no pertenece al tren. Los niños se miraron entre ellos, confundidos. Algunos murmuraban, yo sentí un escalofrío recorrerme la espalda. El inspector caminó vagón por vagón, observando a cada niño detenidamente, como si pudiera ver a través de la ropa. Finalmente se detuvo frente a mí. —Tú —dijo señalándome—. Tú no perteneces a este tren. No tienes la marca. —¿Qué marca? —pregunté. —La marca de la pérdida —respondió—. Este tren solo lleva a quienes han sido abandonados. Olvidados por el mundo. Quise explicarme, decir que no era uno de ellos, que solo había subido por curiosidad, pero entonces comprendí que eso no era suficiente, yo era un intruso. Los niños me miraban, ya no con alegría, sino con una mezcla de pena y comprensión. No me odiaban. Solo ya no podía quedarme ahí. El inspector asintió y señaló la puerta trasera del vagón. REGIÓN DEL MAULE
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy