ANTOLOGIA 2025

::34:: ANTOLOGÍA 2025 MYRAMAIR: LA PÁGINA QUEMADA Javiera Chávez Escudero Tercer lugar regional Arica 14 años En el valle de Azapa, entre cerros de tierra y cultivos eternamente verdes, habitaba una niña que muchos evitaban nombrar. Su nombre era Myramair, una niña un tanto peculiar, según algunos pueblerinos de la zona. Decían que era una bruja, por diferentes razones: algunos aseguraban haberla visto matando animales para hacer rituales, otros que hizo un pacto con el diablo o que tenía conjuros en su casa. Eran solo rumores. ¿Cómo una niña de 16 años haría brujería, más aún si solo vivía con su abuela, que además estaba enferma? Su único deber era cuidarla y encargarse de los cultivos. Myramair no iba a la escuela, ya que la única vez que fue, duró solo dos días. Los niños le temían por los chismes que corrían sobre ella. Aunque eso no le importaba en absoluto. Y en parte no le importaba porque algo de razón tenían. Sí, ella hacía brujería. Era un pasatiempo que descubrió tras encontrar un antiguo libro que pertenecía a su abuela y que empezó a leer a escondidas. Con el tiempo, investigó más, practicó, y se volvió bastante buena. No usaba la brujería para dañar a nadie ni con malicia: simplemente le gustaba. Un día en que el cielo estaba apagado, las nubes grises con ganas de llorar y el viento revuelto, Myramair sintió que era un momento perfecto para salir al pueblo. Como casi nunca salía por los rumores, aprovechaba los días nublados, donde nadie quería salir, para pasear un poco. Cuando vio a su abuela dormida, se escabulló en silencio, sin hacer el más mínimo ruido. No quería despertar a la mujer, quien, además de estar enferma, era muy estricta. Nunca se llevaron bien. Apenas hablaban, y la castigaba si salía de la casa. Para su abuela, Myramair era una sirvienta que debía obedecer sin rechistar. Por eso, la niña vivía encerrada en su habitación. Ya fuera de casa, se puso una de sus capas y tomó un farol. También la llamaban bruja por usar esas capas, como las que se decía que usaban las brujas antiguas. Caminó a paso rápido hasta llegar al río San José. Cruzó con cuidado por un sendero de rocas incrustadas, pisándolas una a una hasta llegar al otro lado. Su destino eran los cultivos de choclo. Allí había un espantapájaros muy bonito, y pensaba usarlo para uno de sus rituales. Además, ahí vivía su amigo, un gatito negro al que siempre le daba comida. Le encantaba la idea de llevárselo a casa, pero sabía que si lo hacía, su abuela la encerraría en el ático. Así que se limitaba a visitarlo cuando podía. Myramair acomodaba con calma las pocas cosas que había traído para su ritual: algunas flores secas, una rama de ajenjo que había escondido entre sus libros, una vela negra hecha a mano, una tiza para rayar el suelo, sal fina para espolvorear y un pequeño saquito de tela con tierra del cerro más alto del valle. Colocaba cada objeto alrededor del espantapájaros con cuidado, cuando de pronto una gran brisa de viento golpeó el lugar. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA

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