::29:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS LA RECETA DE LA ABUELA Branko González Crispin Premio especial Cocina Tradicional y Gastronomía chilena Región de Arica y Parinacota Arica 14 años Hace un par de años, unos niños muy regodeones no querían comer porotos granados y se rehusaron a comerlos. Su mamá les preguntó: ¿quieren que les cuente un cuento? Los niños aceptaron. El cuento, les dijo su mamá, se llama "la receta de la abuela": “No hace muchos siglos por los 1500 a 1600, ahí por la llegada de los españoles, muchas familias tuvieron la obligación de comer muy poco o simplemente nada debido a la escasez de comida. Pero algunas otras, como esta familia que les voy a contar, pudieron sobrevivir y hacer muchas comidas típicas que hoy en día comemos. En la vieja casa y chacra9 de adobe de doña Rosario, mujer guerrera y mapuche alejada de la civilización, el calor de la cocina comenzaba a ganarle al invierno de la precordillera. Afuera, la escarcha aún abrazaba las matas de menta y el romero que crecían rebeldes junto al canal. Adentro, el olor a ajo dorado, cebolla picada y orégano seco despertaba recuerdos tan vivos como los retratos desteñidos en la pared del comedor. Camila, de 17 años, removía con cuidado la olla de greda mientras su abuela sentada en una silla de mimbre tejía, guiaba la preparación con la voz temblorosa del tiempo y la autoridad de la experiencia. Le preguntó de dónde había aprendido a cocinar tan rico y la abuela sonrió y respondió demi ñuke10 Marta, una de las mejores cocineras, tejía mientras la comida se cocinaba y criaba a mis hermanos chicos. —No te olvides del ají de color, niña, ese no se echa por bonito. Da alma —dijo la abuela, cerrando los ojos como si pudiera ver el plato ya servido. Camila no necesitaba anotar. Cada movimiento, cada medida "al ojo" era una herencia que se le grababa en la piel, como una historia tatuada en aromas. Preparaban porotos , como cada invierno desde que tenía memoria. —¿Y si alguien más quiere la receta? —preguntó Camila con picardía. —¿Se la damos?—. La abuela sonrió apenas, con esa sabiduría antigua que parecía haber nacido con las montañas. —La cocina no se da. Se comparte con quien tiene paciencia pa' escuchar y corazón pa' sentir. Mientras la olla burbujeaba con porotos, zapallo camote y albahaca recién molida, Camila recordó las veces que, de niña, jugaba a imitar a su abuela con cucharones de palo y ollas vacías. Pero ahora entendía que cocinar no era solo un acto práctico. Era un lenguaje silencioso, una forma de amar sin decirlo. 9 Chacra: palabra quechua (también usada en el mapuche) es un espacio de cultivo que servía para plantar poroto, papa, maíz, zapallo, etc. (nota del autor). 10 Ñuke: madre en aymara (nota de la autor). PREMIOS NACIONALES
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy