ANTOLOGIA 2025

::212:: ANTOLOGÍA 2025 REGIÓN DE MAGALLANES Y LA ANTÁRTICA CHILENA Así que me quedé cerca de esos lugares. Conseguí trabajo en una reserva, aprendí de rastros, de silencios, de huellas apenas visibles en la tierra. Me hice amigo de los guardaparques, de los mates a la sombra de los árboles, del viento que nunca calla en la Patagonia. Con el tiempo, conocí a alguien. Nos enamoramos. Armamos una vida sencilla, con una cabaña cerca del bosque rodeados de lagunas y pastizales. Tuvimos un hijo. Él creció entre fogatas, cuentos de campo y salidas al amanecer. Cuando le conté la historia de “El León de Magallanes”, sus ojos brillaron de emoción. —¿Y volvió a aparecer? —me preguntó un día. Yo no supe qué responderle. Hasta que un atardecer, ya casi sin esperarlo, ocurrió. Estábamos caminando por un sendero cercano, mi hijo, mi pareja y yo. El sol bajaba lento, tiñendo de oro todo. Y entonces lo vi. A unos metros, entre los matorrales, esa silueta. Majestuosa. Tranquila. El puma. Mi hijo lo vio también, se quedó quieto. El animal nos observó. Esta vez, no con indiferencia. Era una mirada distinta. Como si nos reconociera. Como si supiera que ya no éramos amenaza. No se acercó mucho. Pero dio unos pasos, se sentó y nos miró por un instante que nos pareció eterno. Luego, sin ruido, se dio la vuelta y desapareció entre las sombras. Mi hijo me apretó la mano. —Papá, era él, ¿verdad? —Sí —le dije—, y esta vez vino a saludar.

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