ANTOLOGIA 2025

::193:: HISTORIAS CAMPESINAS CON LOS PIES EN LA TIERRA Diana Rivas Ojeda Primer lugar regional Valdivia 38 años Acá en el sur la primavera no comienza en septiembre. Para esa fecha, si tenemos suerte, celebramos las Fiestas Patrias sin lluvia. Pero el buen clima, el de verdad, suele llegar recién en noviembre. Y no es el calendario el que nos avisa su llegada, sino la maduración de un fruto que le da esperanza a muchas familias: los arándanos. —Cuando los arándanos ya están crecidos, profe, se tiñen de un azul intenso y se cubren con una capa de cera que los hace brillar —explicó Juan a la profesora Lorena, que al ser nueva en el sur no los conocía y los probaba por primera vez. “Como si guardaran un secreto”, pensó. En temporada de arándanos el paisaje se transforma. Las mochilas escolares se mezclan con bandejas y las salas de clases se vacían como si el viento barriera a los estudiantes directo hacia los huertos. —No es desinterés ni falta de ganas por estudiar. Es la cosecha —decía Lorena. Era el mes de noviembre y la profesora sabía que no iba a tener la misma asistencia de los meses anteriores. Es que, en el sur, vivieras en el campo o en la ciudad, la temporada de cosecha era una época próspera que ofrecía a los estudiantes la oportunidad de ayudar en casa, trabajando en la recolección de arándanos, cerezas, frambuesas o frutillas. —Mientras más delicado el fruto, mejor es la paga —decía Juan. La mayoría de los estudiantes optaba por trabajar en “los arándanos”, porque, además de haber empresas en abundancia, era más fácil cumplir con la meta diaria y los patrones permitían llevarse el producto a la casa cuando no cumplía los estándares de exportación, como tamaño o maduración. Eso les daba la oportunidad de venderlos a sus vecinos o profesores, ganando dinero extra. —El problema es que estamos a fin de año. ¿Cómo le cerramos el semestre a estos cabros? — era una discusión habitual en los consejos de profesores por esas fechas. A pesar de que todos los años pasaba lo mismo, a pesar de que los profesores estaban conscientes de que la asistencia bajaba a fin de año, siempre se suscitaba el mismo problema y las discusiones eran infinitas en los consejos. —¿Cierre de año anticipado? ¡Pero si queda más de un mes de clases! No estoy de acuerdo —decía el profesor de historia. REGIÓN DE LOS RÍOS

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