ANTOLOGIA 2025

::18:: ANTOLOGÍA 2025 PREMIOS NACIONALES Además, mi querida abuelita Guillermina agregaba palabras sabias que nos llegaban al corazón: —Todo esto se junta con amor y devoción. Y no es chiste, el amor es la condición. Si no lo hacen con cariño, les van a quedar como hechas con maña, y mañosos no queremos en esta cocina. ¡He dicho! La chancaca calentita la echaba de a poco, no a “lo loca”, ni a “lo tonta”. La iba mezclando con la harina, cuchara tras cucharada, hasta que se ponía oscura y muy húmeda, como tierra mojada con rocío de la mañana más linda. La canela le cantaba bajito. Y la naranja... ¡ah!, la naranja le metía alegría al alma y regocijo al cuerpo. Y todo eso con mucha paciencia. Después, hacía una masa que se amasaba suavecito, como quien acaricia a un gato mañosito, y hacia las bolitas, las aplanaba con la mano, nada de moldes, que eso mata la gracia y envenena la masa, y las pasaba al sartén calientitos. Nada de horno moderno. Todo con leña y sudor. Cuando estaban listas, doraditas, y el olor te pegaba directo en el corazón, desde adentro, se venía lo bueno, y se pegaban con otro poco de chancaca, que más parecía manjar de las almas, y le ponía una pincelada de luna nueva, y un poco de viento de campo y ¡ya está!. ¡Ah! Y que no se nos olvide la azúcar flor, hecha con piedra y sudor. ¿Y saben qué gusto tenían estas guañaquitas? A domingo sin prisa. A abuelita del alma que te mira como alguna estrella. A fiesta improvisada en la cocina. A invierno con brasas, llanto, cuentos y viento soplando los membrillos y los duraznos. Sabían a amor, de ese, del bueno. Del que más te gusta. A eso sabían. Estas guañaquitas no se venden, pero sí se regalan, se dan a quien uno quiere y ama. Y claramente a quien lo merece. Porque llevan amor del bueno, del que no se echa a perder. Y acuérdense de la abuelita Guillermina, que no tenía plata ni fortuna, pero tenía el alma llena de dulzura y uno que otro secretito metido entre las brasas y el fogón.

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