ANTOLOGIA 2025

::176:: ANTOLOGÍA 2025 Pedro Véliz, piloto del Alcázar, se aprestaba a colocar un CD en su computador para visualizar el diagrama de funcionamiento y la localización GPS de la nave. La pantalla se iluminó con la rapidez de rutina y, sin mirarlo mayormente, colocó el adminículo en su posición. Esperó inútilmente que apareciera el menú ya conocido. En su lugar se había presentado un festivo ícono de sonido digital indicando la duración del primer tema de un total de doce a interpretar por los Backstreet Boys. Su sorpresa lo inmovilizó durante un minuto, luego de lo cual, entre tartamudeos de furia y enrojecido, farfulló lo peor del nutrido lenguaje de un viejo marino. Retiró el pequeño e inocente disco del aparato, lo cogió como para lanzarlo por la borda y observó al CD auténtico posado un centímetro más al costado de su lugar habitual. Ya más calmado, colocó el artefacto genuino en su disquetera y escuchó una voz que lo llamó desde la puerta de su cabina: —Capitán, llegó el indio que trae mariscos y pescados. ¿Subimos unos pocos? —Bueno, me interesan las centollas y los choros zapato, ¿cómo andan los precios? Vamos. —Pero capitán, este indio no sabe contar. Si se le pregunta un valor contesta “uno” para todo. Entonces es preferible entregarle ropa vieja, cosas para la cocina y sobre todo aguardiente. Usted sabe que son todos borrachos. El capitán Pedro Véliz miró con desprecio el CD que aún tenía en la mano, pensó un momento y se dirigió al visitante que subía con una pilhua14 repleta por la borda. El Hijo de la Luna volvía contento. Había entregado toda su carga por el más fantástico pago que pudiera haber recibido un ser humano en esta tierra. Y sólo por unos cuantos pescados y mariscos. Llevaba su recompensa en lo más alto de la proa y la miraba fijamente riendo a carcajadas de felicidad. Algunos quetros, ánades que solía cazar de vez en cuando, lo miraban inquietos desde una roca. Al llegar a su casa, detuvo el bote, lo ató a una piedra e ignorando a un lobo de mar que descansaba en la pequeña playa, corrió hacia la cabaña esquivando las ramas de los tepúes y saltando un quilanto llamó a su mujer: —¡Mujer, mujer, ven, vamos a pescar, a cazar, apúrate! —Qué te pasa, hombre, ven a comer primero, ves que está lloviendo y no se ve bien. Éntrate. Mañana lo hacemos. —¡No importa, mujer! ¡Me han regalado la luna! —Y enarboló el plateado CD de los Backstreet Boys. REGIÓN DEL MAULE 14 Pilhua: en quechua, significa “manta” o “paño grande”, y se usa comúnmente para cargar mercadería, alimentos o pertenencias, especialmente en contextos andinos (nota de la edición).

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