ANTOLOGIA 2025

::161:: HISTORIAS CAMPESINAS TEMPORADA DE COSECHA Rocío Salinas Castro Segundo lugar regional Paine 55 años Estoy segura de que el hombre me miró con lascivia. Puedo decirlo con certeza. Lo adiviné en la profundidad de sus ojos. Los mismos que ahora me ven sorprendidos. Solo quería tomar un vaso de agua. Treinta grados Celsius no eran pocos, sobre todo si se está cosechando tomates en medio de un terreno de diez hectáreas. El trabajo no era el mejor, sin embargo, era lo único que podía conseguir cada verano. Aunque pagaban bien, era cansador. Me encogía y, con una herramienta como un cuchillo pequeño y bien afilado, cortaba los tallos que sostenían el fruto rojo, que luego acomodaba en una caja de madera. Gotas de sudor me recorrían la cabeza, pasaban por mis mejillas y llegaban a desembocar a la punta de mi nariz. Caliente, como si fuera un río de sangre. Agachada secando mi frente con el antebrazo, lo vi con la mirada puesta directa a mis senos que se bamboleaban como un juego de campanas. —¡Qué mira con tanta atención, amigo! —fui sarcástica con él, porque estaba un poco ofuscada. —¡A usté poh, mijita! —¡No tiene na que andar mirándome! Haga su pega no más. —Estaba mirándola pa’ ayuarla no má. Las cajas llenas pesan como veinte kilos. Usté no se las puee, es muy finita pa’ eso. —¡Claro que me las puedo! ¡Y no necesito a ninguno que me ayude en nada! ¡Ya, ya! Devuélvase por donde vino y déjeme tranquila. Me erguí, tomé la caja de tomates que recién había llenado y me fui directo a la ramada donde estaba la única sombra en el lugar. Apenas pude con el peso, pero la puse con cuidado en el suelo para no dañar su contenido. Debí haber escuchado cuando me decían que ese no era un trabajo para mí, pero ¿acaso una persona no puede elegir libremente dónde quiere trabajar? ¿Es necesario tener cuidados extremos con los compañeros de trabajo? ¿Cómo lo hacen las personas que no se atreven a exigir respeto? Una jarra de agua fresca me esperaba sobre la mesa. Tomé un vaso de vidrio que estaba encima y en su lugar dejé mi cuchillo. Cuando estaba a punto de poner el agua en el vaso, sentí sus manos en mis nalgas. —Venga pa’ acá, mijita. REGIÓN METROPOLITANA

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