ANTOLOGIA 2025

::151:: HISTORIAS CAMPESINAS MI PRIMO TOÑO Pilar Villanueva Salinas Primer lugar regional Quilpué 34 años Vivíamos a los pies de la cordillera en un recóndito lugar llamado La Montaña, en la ciudad de Teno. Éramos una comunidad muy estrecha y eso se potenció con la llegada de la televisión. Mi casa era la única que tenía una, por tanto, convocaba a todos los vecinos y parientes cercanos para verla. Ahora la serie del momento era “Kung fu”, donde un solitario monje shaolín, con un nombre que no podía pronunciar, viajaba por el Viejo Oeste de los Estados Unidos usando la fuerza de su espíritu y sus artes marciales para luchar contras las adversidades que se le presentaban. Yo me pasaba todo el día esperando que llegara la noche para sentarme a ver la tele, pero no era lo único que anhelaba ver. También esperaba a mi querido primo Toño. Era mi primo favorito. Siempre que llegaba me traía muchos dulces y jugaba conmigo. Era un rebelde de pelo largo desordenado, que fumaba a escondidas de su mamá. Lo que más me gustaba de él eran sus locas historias ¡Siempre le ocurría algo! Eran tan fantásticas que era imposible creerlas, pero aun así me gustaban mucho. La noche del viernes ya estábamos instalados frente a la televisión para ver el nuevo capítulo de “Kung fu”, sin embargo, mi primo Toño no llegaba. Cada cinco minutos abría la puerta con la esperanza de verlo entrar, pero fue en vano, tuve que resignarme a ver la tele sin él. Cuando la serie terminó y una vez que los vecinos se marcharon, los más cercanos a la familia se fueron a la cocina. Mi mamá prendió fuego para calentarnos y hacer té, mientras recalentaba unos panes amasados que habían quedado para comer. Este solía ser el momento en que los tíos comenzaban a contar copuchas recientes y otras antiguas que siempre daba gusto revivir, pero lo que más disfrutaba eran las historias de terror. No hace mucho aseguraban que don Severino, el viejito que vivía bien entrado en la parcela, había sido visitado por el Tue-Tue, siendo para todos la verdadera causa de su fallecimiento. —Al Toñito quizás lo pilló algo —dijo uno de mis tíos, lo que me asustó mucho. —No diga eso, Manu, que me asusta a la niña —dijo mi madre enojada. No pasó mucho tiempo para que nuestras dudas fueran esclarecidas. El sonido del portón nos alertó, pero cuando mi primo Toño apareció en la entrada de la cocina nuestros músculos se relajaron. Sin embargo, él no estaba para nada relajado. Su piel morena estaba pálida, casi mortecina, y su mirada no se enfocaba en nada, parecía perdido. Mi mamá, al verlo tan desorientado, lo llevó al lado del fogón para que se calentara. Le puso una manta para cubrirlo y un tazón de té en las manos. Le acarició la cabeza y le dio varios besos para que se tranquilizara, pues estaba muy agitado. Yo también fui junto a él para hacerle cariño imitando a mi madre. Algo había pasado. REGIÓN DE VALPARAÍSO

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