::149:: HISTORIAS CAMPESINAS —Uta, ño, ya estoy acostumbrado. Fíjese que la otra vez me subí a un árbol mismito que ese, me confié con una rama y pasé cascando pa’ abajo. Me golpeé la cabeza, la espalda y quedé una semana sin poder ir a trabajar. —Tremendo ni que porrazo, pues. —Sí, claro. Si no fuera por las hojas que había a los pies de ese árbol, quedo aturdido. —Y fue al doctor me imagino. —¡No, para qué! Si con un ibuprofeno y una friega de pomada que me dio mi mamá se me pasó. Claro, estuve hartos días con dolor de espalda y quedé rasmillado en una costilla. Pero aquí estoy pues —sonríe. El dueño se despide y lo deja que continúe escalando. De cinco cajones pasa a quince, y de tanto esmero se olvida del tiempo. Con el grito de otro trabajador se da cuenta que es momento de almorzar. Se baja con mucho cuidado. No quiere por ningún motivo fallar como aquella vez, no quiere perderse la oportunidad. Junto a unos tres o cuatro trabajadores voltea y se sienta en un cajón vacío. Abre su mochila y saca la ollita con comida. Como no hay dónde calentar, por suerte ha llevado papas con mayonesa y unas vienesas que aún mantienen el calor y una botella de jugo en polvo a buena temperatura, ya que en la noche decidió ponerla en el refrigerador. —¡Ya, muchachos, yo estoy listo! ¡Provecho! Mientras sus compañeros van terminando, él no ha tenido momento de charlar y continúa su objetivo. Al paso de las horas, ya de quince cajones pasa a treinta. Rubén ya está agotado, pero ilusionado con que mañana volverá por más. Aún quedan muchas hileras que recorrer, árboles que montar y oro verde que sustraer de ese nido de ramas. Se baja del último árbol más pequeño que los demás. Suspira, se saca el gorro, pasa su mano por la frente secándose el sudor y muy lentamente, con su saco de aspillera al hombro y en la mano su caña, camina hasta llegar donde comenzó su nueva aventura. Respira ese aire campestre, recorre con la mirada aquellos paltos que escalará al día siguiente. Y terminará lo que prometió. Él sabe muy bien que el lunes no podrá regresar. El compromiso con su madre lo espera. —Mientras tenga vida y salud no hay nada que me impida tirar de ese palo y llenar ese saco. Ya está gastado, pero no hay palta ni chirimoya que se me escape. Cumplir y terminar cualquier trabajo que lo haga feliz y sentir como en casa, y llevar las moneditas a su madre para aportar, son sus únicos objetivos en la vida. Cacolito es mi tío, lo admiro y quiero mucho. Es el padre que siempre quise tener. REGIÓN DE COQUIMBO
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy