ANTOLOGIA 2025

::123:: HISTORIAS CAMPESINAS Cuando el último se fue, mirando el fondo del olletón y contenta porque no faltó para nadie, se acomodó en su silla de paja frente a su brasero, tomó la tenaza, avivó las brasas para apurar la tetera, alcanzó su mate, como siempre acarició la bombilla y procedió a echarle un poco de yerba. Después, con la tenaza atrapó un terrón de azúcar, lo puso sobre las llamas del fuego sosteniéndolo en el aire, esperó que éste comenzase a derretirse y cuando las llamas comenzaron a soltar un viscoso goteo de un color café, lo introdujo en su mate, lo llenó de agua recién hervida, con cautela succionó un poco de su contenido y mirando de soslayo, tomó la revista Vea que descansaba desde hacía días en el mismo lugar, miró la portada reconociendo en la foto al conocido astrónomo Carlos Muñoz Ferrada y se dijo: “mañana voy a pedirle a uno de los chiquillos que me la lea". Y siguió bebiendo de su mate, tranquila, serena, contenta. Su querida familia en estos instantes estaría disfrutando de lo que ella más le encantaba hacer: cocinar. Ella vivía sola con sus gatos en su pequeña casita de adobe y madera. Nunca se había casado, no había tenido hijos. No sabía leer ni escribir. Pero sabía que no estaba sola. Nunca se había sentido sola. Se sentía querida de sus hermanos, de sus sobrinas y sobrinos, de todos sus parientes que vivían en los campos vecinos y de todo un pueblo que la protegía, la apreciaba y respetaba. PREMIOS NACIONALES

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