::121:: HISTORIAS CAMPESINAS EL ESTOFADO DE LA TÍA JUANA Fernando San Martín Bello Premio especial Cocina Tradicional y Gastronomía chilena Región de Ñuble Chillán 80 años Solo había podido dormir algunas horas. La ansiedad y la preocupación por tener las cosas listas para el mediodía, cuando todos vinieran a retirar sus porciones, le habían pasado la cuenta. Los ochenta y tres años se notaban en su espalda curvada, en ese esqueleto delgado de baja estatura. Pero a pesar de todo, su cuerpo conservaba una energía y un vigor que provocaban la admiración de quienes le conocían. Tomó la palmatoria con la vela encendida y caminó con pasos cortos e indecisos hacia la cocina. Llegó hasta el otro extremo donde, sobre una parrilla con el fuego ya casi apagado, descansaba un enorme fondo de acero enlozado sobre cuya tapa se empotraba una pesada piedra de machacar invertida, para asegurar que no fuese removida por alguno de sus gatos. Sacó con precaución la piedra y levantó presurosa la tapa del tiesto. Un verdadero golpe de aromas diversos inundó su nariz, su cara, el recinto entero. Contenta de comprobar su estado, se devolvió a pasos lentos hacia el pequeño y estrecho rincón donde la tetera ya hervía sobre la parrilla de su pequeño brasero. Se sentó con calma, tomó por la oreja su viejo mate, acarició brevemente la bombilla, lo llenó de agua y succionó ansiosamente. Satisfecha, estiró su delgado brazo izquierdo y alcanzó con sus dedos la revista Vea que en uno de sus ángulos superiores indicaba la fecha de su edición: “21 de junio de 1953”. De esto hacían ya tres días, porque hoy ya era su onomástico. ¡Sí! El calendario que colgaba sobre la pared indicaba que hoy domingo era “San Juan Bautista”, por lo tanto “su día” también. Todo el pueblo estaría de celebración con motivo de “el día de San Juan”, como lo mandaba la tradición cristiano católica. Mientras continuaba sorbiendo el mate, su mente comenzó a retroceder los pasos que había efectuado para tener ahora la tranquilidad de saber que estaba listo su apetecido “estofado de San Juan”, reposado un día antes como se lo había enseñado su mamá, que ya descansaba en paz desde hacía muchos años. Su mente comenzó a recordar paso a paso las etapas para llegar a todo esto. Con dos meses de anticipación había encargado a sus conocidos que solían criar animalitos y cazar avecitas para que le reservaran lo que ella necesitaba todos los años en esta fecha. Después vino el trabajo de aliñar y ahumar todo. Y así llegó el día de ayer para el armado de la olla y comenzar el cocimiento a fuego lento y muy bajo, gracias al carbón de espino que le proporcionaba las brasas adecuadas. Se repitió mentalmente: PREMIOS NACIONALES
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