ANTOLOGÍA 2024

::219:: HISTORIAS CAMPESINAS El sargento exclamó: —¡Parece que este va a ser un día movido! Era un yámana con un niño a su lado, su caminar lento y su mirada altiva y serena los acercó a la entrada, los inquisidores ojos de los forasteros denunciantes gritaron al unísono: —¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Esas son nuestras mantas! El padre se arrodilló y dejó en el suelo las dos mantas y la vasija para el agua. Se escuchó la voz firme y fuerte del jefe policial: —A ver don, explíqueme esto. El viejo yámana contestó: —Yo llevar a mi hijo enfermo, yo ser pobre y no tener tantas cobijas y ver a la vera de la huella a dos hombres dormir y no querer despertar. Tomar mantos para tapar a mi hijo y también el agua para beber, así pude llevar a hijo donde doctor blanco y sanar pronto y contento regresar a mi toldo. Inmediatamente, tomó de las manos del niño dos cacharros de rojo barro y continúo hablando: —Mujer mía agradecida manda de regalo a vuestras esposas estas vasijas como regalos de navidad. Atónitos, los hombres se miraron entre sí sin hilvanar palabras. Los dos forasteros estiraron sus manos para recibir los chamantos, el odre y las vasijas de greda, el yámana y su hijo se alejaron perdiéndose en la llanura de la pampa. —¡Vaya, vaya!, ¡qué lección nos han dado y fue para Navidad! —dijo el sargento con una sonrisa. ¡Ya pues, cabo, no veo la baraja en la mesa, mire que alcanzo a darle otra pateadura antes de cenar el chulengo que tenemos en las brasas! En medio de la soledad de la pampa se quedó el pequeño cuartel policial de Timaukel, guardando tantas historias vividas y muy pocas contadas. Lo único que se movía era la bandera chilena, castigada por el rey de la Patagonia: el viento. REGIÓN DE DE MAGALLANES Y LA ANTÁRTICA CHILENA

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