HISTORIAS, MEMORIA RURAL Y FUTURO: a 50 años del Golpe de Estado

HISTORIAS, MEMORIA RURAL Y FUTURO: A 50 años del Golpe de Estado ~205~ cultura y la cuestión social, es delicado. Ese es un tema que no hemos abordado, que no hemos tenido la capacidad de abordar todavía. Lo otro es la educación: dieciocho escuelas agrícolas las administra la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), las organizaciones campesinas ni una sola, entonces yo ahí digo, pucha. revisemos, definitivamente… Este gobierno no ha querido asumir la devolución al campesinado de lo que se les arrebató, porque podían haber dicho en algún momento, ya, la SNA tiene todas estas escuelas, vamos a pasarle unas a las organizaciones campesinas, una especie de recuperar el Inacap, y de ahí está la formación de los profesionales. Yo soy muy crítico, a los que más conocí fue a los ingenieros forestales; que un ingeniero forestal no conozca el bosque nativo a mí me parece grave, delicado, entonces la academia también tiene una responsabilidad muy grande, tiene que formar un nuevo agrónomo, un nuevo técnico, porque si no tenemos ese puente, es un eslabón cortado310. Rosa Guzmán, de Anamuri, región de Valparaíso, también le pide al Minagri mayores desafíos y compromisos: “Yo creo que INDAP tiene que dar un giro más social, yo creo que no puede actuar como un banco. Tiene que volver a lo que era antes, como en el tiempo en que realmente se daba una asesoría más integrada, que se preocupen de darle un sentido más social (a su labor); preocuparse de este mundo campesino que somos la pequeña agricultura, los que alimentamos este pueblo… Yo creo que el Ministerio se tiene que poner los pantalones largos y realmente pensar en un proceso nuevo, hacer los cambios reales que se necesitan para que la agricultura campesina pueda resurgir como se merece”311. 310 Conversación citada con Osvaldo Zúñiga. 311 Conversación con Rosa Guzmán, Rancagua, viernes 17 de febrero. Alicia Martínez, evangélica, lideró un capítulo épico que protagonizaron las viudas de los dieciocho campesinos asesinados en El Morro, El Carmen y Maitenes, y Pemehue, localidades de la Reserva Malleco. Rompieron el cerco impuesto por los uniformados, que las mantenían cautivas de hecho en sus casas, y se presentaron en la Fiscalía del Regimiento de Los Ángeles, exigiendo investigación y certificación de las defunciones de sus esposos. Ese mismo grupo de mujeres logró paliar el hambre de sus hijos gracias a un trabajador de un molino cercano que les regalaba la harinilla con afrecho que cada día barría del piso en su lugar de trabajo.

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