HISTORIAS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS 2021
FUCOA. Ministerio de Agricultura 72 Joaquín quiso seguir contemplando a estos animales, fue así como continuó yendo de excursión al cerro y se sentaba tardes enteras a mirar las manadas de guanacos. Un día pudo acercarse un poco más cerca de una cría de guanaco; sus miradas se cruzaron y el niño sentía que el animal algo quería decirle, tenía una mirada tierna pero a su vez un poco temerosa. Con el pasar de los días, siempre se conectaban a través de los ojos, hasta que un día el niño pudo sentir palabras en su cabeza, y pensó: «Creo que el silencio de la naturaleza me está haciendo escuchar cosas que no son». Un día pasó algo inexplicable: el niño pudo sentir al despertar muchos saludos de «Buenos días»; increíblemente, eran los pajaritos que dormían en su higuera. Al pasar de los días, descubrió que no solo podía oír a los pajaritos, sino que también a otros animales: su perro llamado Huasito, le pedía agua y comida durante el día y también a veces que le rascara la panza; un gato que ronroneaba cerca de su casa le pedía que le lanzara un ovillo de lana para jugar y pasar su día, y así con cada animal que se encontraba podía saber lo que le pasaba. Una tarde volvió al cerro a contemplar la manada de guanacos, pero lamentablemente no los encontró en el mismo lugar de siempre. Se armó de valor y se adentró unos kilómetros más al interior de los cerros, llegando cerca de la cordillera buscando a esos animales. Gracias a su valentía logró ver a lo lejos el nuevo lugar donde se posaba la manada. Siguió caminando y encontró a la cría de guanaco con la que había tenido cercanía la última vez que fue a contemplar la manada; Joaquín supo inmediatamente que la cría quería decirle algo y se acercó, así comenzó un diálogo entre ellos: — Hola niño, esperaba que vinieras. — ¡Hola! Me demoré, porque no los encontré en el mismo lugar de siempre; me llamo Joaquín, ¿y tú? — Me llamo Eluney, que significa regalo del cielo.
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