HISTORIAS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS 2021

FUCOA. Ministerio de Agricultura 62 quise conocer; había niños corriendo, mujeres trabajando y los hombres armando chozas. Me acerqué hacia una y entré. Nadie me vio. Vi las hermosas cosas que ellos creaban, había pieles de guanacos y mucha comida. Me dio hambre, tomé un puñado de calafates y salí de la choza. Los calafates estaban deliciosos. Afuera ya era casi de noche, la luna estaba saliendo y era de color amarilla y se veía más hermosa de lo normal. Las personas empezaron a entrar a sus chozas, menos un joven junto a una mujer. Se veía como su madre. «Ambos se me hacían conocidos», pensé por un momento; además, los acompañaba un hombre que por su ropa se podría decir que era el jefe de la tribu. Él joven se despidió de la mujer y este se fue con el jefe hacia otra choza al interior de la cual se veía desde lejos una hermosa fogata. Se hizo de noche y las estrellas se veían hermosas en el cielo. Seguí al jefe y al joven, entramos a la choza y el calor era acogedor. El jefe empezó a hablar, misteriosamente les entendí: — Khami, ¿estás listo para tu iniciación para convertirte en hombre? — Sí, jefe. Estoy listo. Recién ahí noté que estaba presenciando la ceremonia del Hain, la ceremonia donde los jóvenes se vuelven hombres después de pasar la gran prueba. El jefe empezó a cantar frases extrañas que yo no entendía; era como si estuviera haciendo un rito para invocar o lograr un objetivo extraño. El jefe terminó el rito y empezó a hablar normalmente otra vez e indicó lo siguiente: — Está listo, Khami; ahora me tendré que ir, desde ahora estás solo. — Está bien —dijo el joven un poco asustado. Yo quería ayudarlo, entonces le hablé: —Tranquilo, todo estará bien, no te pasará nada —le dije susurrando.

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