HISTORIAS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS 2021
FUCOA. Ministerio de Agricultura 38 Yo, en vez de pelear, corrí lo más rápido posible a la choza del chamán, que ya había huido, y me puse a orar a los espíritus, implorando a que bajaran a la tierra de los mortales y salvaran a su pueblo. Tenía miedo de abrir los ojos; sabía que si no resultaba, aunque no fuera mi culpa, no me lo perdonaría. Pasaron minutos, que parecieron horas; no escuchaba nada o no quería escuchar nada, pero aún tenía la esperanza de que alguien nos iba a escuchar. Luego decidí abrir los ojos y una vez abiertos no podía creer lo que veía: ya no estaba en la choza del chamán, estaba en un lugar maravilloso que no sé describir y lo primero que encontré fue a Temáukel, el dios y el espíritu más poderoso, creador del hombre. Cuando le conté nuestra situación dijo que, primero teníamos que darle una gran ofrenda. Traté de decirle que no había tiempo y que nuestro pueblo estaba muriendo. Me explicó que necesitaba la ofrenda para poder viajar a nuestro mundo. Yo no tenía tiempo para buscar y cazar un animal; no sabía qué hacer. Hasta que tomé una decisión, que sería nuestro último chance: decidí ofrecer mi cuerpo. Los humanos somos técnicamente animales, solo que con espíritu y capacidad de pensar y razonar. Temáukel me dijo que al despertar me fuera a dormir y luego vendría por mí. No entendí lo que significaba en ese momento, pero igual acepté. Luego abrí mis ojos, no recordaba haberlos cerrado, pero sí recordaba lo que tenía que hacer. Entonces de pronto sentí un profundo cansancio y me desmayé.
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