334 Decimas para una nación La Muerte Ya lo tengo en la memoria ese domingo fatal, las flores y el funeral 'tán escritos en su historia. Hoy está llena de gloria, fue potente, fue genial, Viola Parra Sandoval, madre de muchos cantores, que hoy le rinden sus honores aunque lo pasó muy mal. En la carpa desolada el tiempo dicta sentencia, se nota la inasistencia como raya mal trazada. No queda bien ubicada 'tá lejos de la ciudad, la gente no llega allá, está lejos de la meta, 'tá muy sola la Violeta no se recuperará. Es la hora del ocaso cuando se secan las flores y hasta las penas de amores marcan su gélido trazo. Va de fracaso en fracaso, el diablo en el sacerdocio ya no funciona el negocio, arranca la clientela el Ángel y la Chabela ya no desean ser socios. La completa soledad ya no es un buen escenario, este tremendo calvario no le da tranquilidad. Hay mucha fatalidad, está como en el desierto, y abandonada en su huerto es mucho lo que ha sufrido, y aunque es su hermano querido pelea hasta con Roberto. Era una muerte anunciada por el dolor y la pena, también se cortó las venas, está muy desconsolada. Piensa que no vale nada y a sus amigos les dice: "Tengo muchas cicatrices, mis días son los peores, no tengo buenos amores y hasta el diablo me maldice." Gilbert con su juventud se arrancó hasta el paraíso ese jovencito suizo buscaba mejor salud. Se marchó con prontitud a la tierra boliviana con una bella fulana más alegre y libertaria y no tan autoritaria, más jovencita y lozana. Como el amor no es chacota y no nos deja receta sabiéndolo la Violeta vende cara su derrota. Gasta energía y se nota, ella no es de agua muy tibia, buscando lo que la alivia parte detrás de Gilbert, pero él ya no va a volver a Chile desde Bolivia.
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