316 Decimas para una nación El Nobel Desde Estocolmo se escucha un desorden de convicto van a dar un veredicto de pasión con odio y lucha. Las reyertas eran muchas con la pompa y el boato con un tremendo silbato afinada está la quena han premiado a una chilena le han extendido un contrato. Ella apretaba un rosario su tristeza no da más lo heredó de su mamá la acompaña en su calvario. Ya no recuerda el horario pues se bañaba en la pena decían que una chilena gana todos los laureles con fragancia de claveles y el olor de la azucena. En Petrópolis la artista ya no entiende lo que pasa hay mucha gente en su casa curiosos y periodistas. Así se alegra su vista esto no llegó temprano un poeta americano ha recibido el laurel el codiciado Nobel ha de llegar a sus manos. Entre alegrías y bruma viaja muy emocionada ella habrá de ser premiada y es una dama que fuma. A este aspecto se suma casi agraviando la ley pa' estar delante del Rey su ropa no es adecuada y le cambian la fachada entre las cinco y las seis. Con su eterna parsimonia se le observa ensimismada pues va a ser galardonada en esa gran ceremonia. Con carmín y con colonia todo llegando a su fin va recordando a Yin Yin que la mira desde el cielo enviándole consuelo el rostro del querubín. Hija de la Democracia donde suena bien la quena de allí viene la chilena con aire de aristocracia. Hasta el rey le encuentra gracia al ponerle la medalla y su voz la que no calla voz latinoamericana de las emergentes damas es voz de quechuas y mayas. Madera de gran nobleza que vaya donde ella quiera con su mirada sincera y hasta un dejo de tristeza. Ella tiene la nobleza y la altura de araucaria de las causas libertarias las del americanismo la voz del indigenismo de los sin tierras y parias.
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