314 Decimas para una nación Muerte de Yin-Yin (1943) Luego a Petrópolis llega como buscando la luz se endereza su salud y su paso se sosiega. Sueña que cambia de "pega" y el pensamiento lo zanja soñando con una granja y lo hace con alegría serán sus últimos días que coronan su esperanza. Y fue con Connie Saleva que ha llegado a este confín viajando junto a Yin-Yin como un ave cuando vuela. Mandó quinientas esquelas con mucha vitalidad esto es la felicidad volaba como un sinsonte cerca de Belo Horizonte derrochando calidad. Se quería perpetuar y tenía a su delfín que le llamaba Yin-Yin en él se iba a proyectar. Y le querría entregar toda su sabiduría su arte, su poesía su interpretación del mundo amor sublime y profundo parte de su geografía. Fue el invitado estelar cómplice de sus locuras sintetizó su cultura su sentir y su pensar. En sus tiempos de escolar él disfrutó su inocencia y con su hermosa presencia tuvo amigos los mejores varias razas y colores sin guardar las apariencias. Este niño bien tratado era un joven muy querido quizás no fue bien nacido fue bastante reservado. Era su culto sagrado toda su prolongación y a la vez la sanación desde el comienzo hasta el fin de Gabriela era el Delfín su sagrada bendición. La vida tan agitada no es una falsa creencia diplomacia y conferencias no son carreras pausadas. A veces no toca nada este joven Juan Miguel no eran hojuelas ni miel sí bastante soledad va a ser la fatalidad la que instale su cuartel. Incierta muerte que tuvo ya no fue la hora buena casi se muere de pena a la hora de los "quiubos". Y fue un doloroso yugo el que ha sellado su suerte casi la lleva a la muerte casi muere del dolor pero la salvó el amor antes de quedar inerte.
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