::75:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS LA CANASTA DE MIMBRE Ema Rivas Tercer lugar regional Pinto 12 años Había una vez, en un pueblo rodeado de campos, dos amigas inseparables. Se llamaban Natalie, pero le decían Tati y tenía 16 años, y Vicky que tenía 17. Una noche de luna brillante, las dos iban de camino a una fiesta en el campo. ¡Estaban muy emocionadas! Mientras caminaban por un sendero oscuro, vieron algo extraño al lado del camino: una canasta de mimbre con unas botellas de líquido denso y oscuro. Les pareció muy curiosa y las dos decidieron llevársela sin pensar mucho. Después de la fiesta, Tati y Vicky regresaron a casa. El camino de vuelta era el mismo, pero esta vez, se sentían diferentes. De repente, un escalofrío les recorrió la espalda. Empezaron a sentir que alguien o algo las seguía. Sus corazones latían muy fuerte. Caminaban cada vez más rápido, mirando hacia atrás, asustadas. El viento movía los árboles y hacía sombras espeluznantes. Al fin, llegaron a sus casas, pensando que ya estaban a salvo. Suspiraron aliviadas y se fueron a dormir. Pero la tranquilidad no duró mucho. A eso de las tres o cuatro de la mañana, Tati y Vicky se despertaron asustadas. Sentían unas manos frías que intentaban jalar sus piernas y sus pies desde debajo de la cama. ¡Estaban aterradas! No sabían qué hacer. Entonces, Tati recordó algo que su abuela le había enseñado: rezar. Las dos amigas, con la voz temblorosa, empezaron a rezar con todas sus fuerzas. Rezaron y rezaron durante todo lo que quedaba de noche. Poco a poco, las manos desaparecieron y la sensación de miedo disminuyó. Al día siguiente, aún un poco asustadas, Tati y Vicky le contaron todo a la abuela de Tati. Ella las llevó con una señora sabia, que les hizo una limpia, un ritual especial para quitar las malas energías. Después de la limpia, la señora sabia les explicó algo sorprendente: ¡la canasta que habían encontrado era de una bruja! El líquido denso y oscuro de las botellas eran pociones y por eso, al tomar la canasta, la bruja las había estado siguiendo. Tati y Vicky aprendieron una gran lección ese día. Desde entonces, nunca más volvieron a tomar cosas extrañas que encontraran por el camino, y siempre recordaron el poder de la fe y de pedir ayuda cuando la necesitaban. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. REGIÓN DE ÑUBLE
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