::61:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Esa noche, don Fabián no pudo dormir. Lo que le había dicho su vecino lo dejó muy pensativo. El viento se escuchaba como si alguien llorara y otra vez el canto del chucao ¡Más fuerte! ¡Más cerca! Salió con una linterna y caminó hacia el borde de la laguna. La luna era lo único que lo acompañaba, pero el agua parecía moverse sola, como si respirara. De pronto, entre los juncos apareció una figura: pequeña, encapuchada, con ojos brillantes como el fuego. —Fabián —dijo con voz de mujer anciana—. Están rompiendo el equilibrio, si siguen construyendo y robando el agua, la laguna va a despertar y va a arrastrar todo. —¿Quién es usted? —preguntó Fabián temblando. —Soy la voz del chucao, soy la que cuida lo que ustedes ya no respetan. Y desapareció en una nube de niebla. Tres días después, empezó a llover fuerte. El agua de la laguna subió sin parar. Se desbordó, cruzó caminos, inundó casas nuevas que estaban construyendo cerca, y arrasó con jardines, bodegas y corrales. Los vecinos de pueblos cercanos dijeron que nunca habían visto algo así, el agua atrajo ramas, barro, basura y un olor fuerte a podredumbre. Las aves se fueron, el humedal quedó silencioso por días y a don Fabián, nunca más se le volvió a ver. REGIÓN METROPOLITANA
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