::31:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Cuando llegó la hora de servir, la abuela tomó el primer cucharón y lo puso en un plato hondo de loza antigua. —Este es pa' tu mamá, que siempre decía que el secreto era el zapallo dulce —Luego puso otro plato—. Este pa’ tu tío, que nunca volvió, pero que aún tengo en la mesa. Camila entendía el ritual: no se trataba solo de comida, se trataba de la memoria. Esa tarde, mientras el sol bajaba y los aromas seguían vivos en la cocina, Camila supo que no dejaría morir la receta. Ni los platos, ni los nombres, ni la historia. Porque en ese guiso humilde y espeso viajaba todo lo que ellas eran. Y así, con la cuchara en la mano y el corazón lleno, prometió que un día, en otra cocina, con su propia hija o nieta, volvería a decir: “no te olvides del ají de color, niña, ese no se echa por bonito, da alma”. Pasaron un par de años desde que Camila estuvo en la cocina con su abuela preparando porotos. Y ahora que ya no está entre nosotros, seguía pensando como si fuese ayer nomás cuando estaban cocinando. Ya nada era como antes, ya no sentía ese rico olor a porotos burbujeando en la olla y la familia esperando para comer y hablar de cómo les fue en la pega11. Solo le tocaba recordar los momentos felices de la abuela cocinando, si ella supiera que todos quieren comer de sus porotos, una receta que ella solo dominaba. Lo peor de todo esto es que hay muchas personas que lo preparan, pero ninguna con el mismo olor, con el mismo gusto. Ella fue la creadora de este plato típico chileno tan rico y del que hay muchas formas de preparación.” Y así es como termina esta historia. Gracias al relato, los niños se comieron todo antes que la mamá terminara el cuento. La mamá pensó en un momento y dijo en su cabeza: "gracias, abuela, por todo lo que me enseñaste en todos estos años juntas”. 11 Pega: refiérase a trabajo (nota de la edición). PREMIOS NACIONALES
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy