ANTOLOGIA 2025

::199:: HISTORIAS CAMPESINAS RESCATE EN GOLFO DE PENAS Luis Bustos Castro Segundo lugar regional Puerto Montt 54 años Los jóvenes hermanos Juan y Francisco Teca retornaban a Puerto Natales después de comprar en Calbuco su lancha, la “Andrea”, que era su inversión para hacer frente a la vida. Aunque era marzo y el clima no era malo como en invierno, en cinco días de navegación se enfrentaron con el temido Golfo de Penas. Con más coraje y valentía que con prudencia y sabiduría, los jóvenes se adentraron en un mar de montañas que no tiene fin. Con tiempo favorable y ánimo de retornar a sus hogares ambos se persignaron y enfilaron rumbo al sur. La mar como de costumbre era poco amigable y, para desgracia de los navegantes, el motor quedó en pana en medio del cruce, permaneciendo a la deriva en un torbellino de olas. Sabían de antemano cuál sería su destino y los minutos de vida que les quedaban. Pero aquel no era un buen día para morir. Manteniendo la tranquilidad a pesar de las circunstancias, con frazadas armaron una vela que, con ayuda del viento, les brindó la oportunidad de gobernar la salida de la lancha en el sector menos rocoso para intentar rescatar su inversión. Se prepararon para lo peor, con los minutos justos para emitir los mayday con los que pedir auxilio y rescate y posteriormente preparar su radio, antena, batería, bengalas, frazadas, actualizar su posición en el GPS y reunir unos tarros de comida para enfrentar lo desconocido. Con sus trajes de buceo puestos lograron salir a tierra entre el oleaje embravecido. La destrucción de su lancha fue total. Bien magullados el mar los escupió a tierra como no apeteciéndolos aún, logrando salvar sin daños los elementos antes preparados. El haber sobrevivido al naufragio despertó en ellos un cansancio que los acunó hasta el siguiente día. La alegría de haber sobrevivido al naufragio se desvanecía al saberse aislados en un sector donde nadie logra ser rescatado. Pero aún eran muy jóvenes para darse por vencidos. De acuerdo con ello establecieron un plan: ahorrando batería para su radio solicitaban ayuda tres veces al día buscando socorro. Con plásticos encontrados en la costa armaron una rancha que les permitió el mínimo abrigo para darse calor. La riqueza marina que llegaba hasta el borde costero les proveyó alimento de mariscos para sanar su hambre. Las lluvias intermitentes acopiaban agua dulce entre los pangues y con ello el vital elemento estaba garantizado. En su rutina establecida también se turnaban para ascender por los riscos costeros y así intentar ver en el horizonte si es que alguna nave podía ser divisada. Solo el tercer día en la mañana lograron avistar un barco en navegación e inmediatamente encendieron su radio solicitando auxilio. Se trataba de un barco mayor que se dirigía con rumbo norte. Con insistentes llamados por radio esperando respuesta los desesperados hermanos se atropellaban para ser escuchados. Viendo a la distancia cómo su única esperanza de salvación se iba alejando al parecer sin haber logrado contacto, en un último intento para llamar la atención se atrevieron a lanzar REGIÓN DE LOS LAGOS

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