::1:: ANTOLOGÍA 2025
::1:: ANTOLOGÍA 2025 ANTOLOGÍA Cuentos, poemas y dibujos del mundo rural CONVOCATORIA 2025 Los cuentos, poemas y dibujos que conforman esta Antología fueron realizados por niños, niñas, jóvenes y adultos de todo Chile para el concurso Historias de Nuestra Tierra, que organiza FUCOA gracias al apoyo del Ministerio de Agricultura.
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::2:: Fundación de Comunicaciones, Capacitación y Cultura del Agro, FUCOA. Ministerio de Agricultura Coordinación de contenidos Área de Cultura y Extensión, FUCOA Pilar Alarcón Norambuena Alejandro Arias Rivera Evelyn Corral Castillo Diseño gráfico y diagramación Área de Diseño, FUCOA Caroline Carmona Aravena Victoria Neriz Fuentealba Ilustración de portada Margarita Valdés Ruiz Edición Cuento mayor de 14 años: David Ponce Barrera Poesía: Francisca Werth Coello Cuento menor de 14 años: Juana Inés Casas Corrección de texto: Área de Cultura y Extensión, FUCOA Ilustradores Juan Carlos Cortés Sarria Sol Díaz Castillo Mariel Sanhueza Venegas Dannaé Álvarez Rivas Tomás Olivos Achurra Valeria Araya Tamayo Derechos reservados El presente libro no puede ser copiado, reproducido, distribuido, publicado, difundido ni en todo ni en parte, ni archivado ni transmitido por ningún medio mecánico, ni electrónico, de grabación, fotocopia, microfilmación u otra forma de reproducción sin la autorización escrita de FUCOA. Inscripción Registro de Propiedad Intelectual N° 2026-P-2921 Marzo 2026, Santiago de Chile. Imprenta: Menssage
::3:: ANTOLOGÍA 2025 ÍNDICE PRESENTACIÓN MINISTERIO DE AGRICULTURA 11 ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Jurado 14 Palabras del jurado 15 GANADORES NACIONALES Del corazón a la mesa, Arturo Silva Muñoz. Región del Maule 17 La payaya, Sebastián Púa Valenzuela. Región de O’Higgins 19 El gran pájaro dorado, Emilia Maturana Arenas. Región de Atacama 23 Don Agustín y el Anchimalén, Fernando Rodríguez Ovalle. Región de La Araucanía 27 La receta de la abuela, Branko González Crispin. Región de Arica y Parinacota 29 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA La laguna que llora, Paulette Dulcien Vicencio 32 La bota de Codpa, Nicolás Oré Butron 33 Myramair: la página quemada, Javiera Chávez Escudero 34 REGIÓN DE TARAPACÁ Las risas de Humberstone, Rocío Apablaza Rodríguez 36 Los cien mil pasos del infierno, Facundo Lillo Bermúdez 38 La desconsolada flor del desierto, Juan Romero Estredo 40 REGIÓN DE ANTOFAGASTA La escalera del diablo, Mila Yurac Waltemath 41 La guitarrera de Quinchamalí, Mila Yurac Waltemath 43 Chile, una madre y sus cinco hijos, Fiorella Vitali Orquera 44 REGIÓN DE ATACAMA El caballo del tiempo, Maximiliano Gallegos Álvarez 45 El último trueque de Chiroka, Victoria Saldaño Bernales 47 REGIÓN DE COQUIMBO El establo de los susurros, Jillian Conti Ramos 49 El esfuerzo de León, Romina Bravo Pérez 51 El vuelo dorado del Alicanto, José Tabilo 53 REGIÓN DE VALPARAÍSO La casona de San Regis, Catalina Godoy Sepúlveda 54 El gran terremoto de Chile, Tania Zurita Pacheco 56
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::4:: REGIÓN METROPOLITANA Aló, Gabriela, Asia Contesse Eliash 58 El canto de la laguna, Sara Jacob Lizama 60 El Maipo, Alonso Reyes Pino 62 REGIÓN DEL LIBERTADOR GENERAL BERNARDO O'HIGGINS La esquila en el cerro, Emilia Quezada Cubillos 64 En cada grano, una vida, Ailine Orellana Mella 66 REGIÓN DEL MAULE El mote disfrazado de almuerzo, Vicente Muñoz Barra 68 El último vagón, Cristian Gutiérrez Quevedo 69 REGIÓN DE ÑUBLE Los ojos rojos, Elena Bello Espejo 71 Montañas caminantes, Alondra Aguilera 73 La canasta de mimbre, Ema Rivas 75 REGIÓN DEL BIOBÍO Mi visita al campo del tío Julio, Eloísa Seguel Ponce 76 Cuidado con los titiriteros, Yarixa Pereira Figueroa 78 Donde nacen los silencios, Marthyn Riquelme Sánchez 80 REGIÓN DE LA ARAUCANÍA Las cuidadoras de semillas, Francisco Cravero Huenuqueo 81 El guardián del agua, Carolina Cid Marín 83 El hombre que compraba recuerdos, Martín Arriagada Gallardo 84 REGIÓN DE LOS RÍOS Sol y los espíritus del bosque, Antonia Maldonado Ojeda 85 Samuel y el otro campo, Pedro Maldonado Ojeda 87 La mula de las tres noches, Gabriel Velásquez Gualaman 89 REGIÓN DE LOS LAGOS Ingenio campesino, Jacinta Montero Ibáñez 90 Larix, un solitario alerce, Gonzalo Llaito Durán 91 El zorro que provenía de las estrellas, Eloísa Calderón Cáceres 93 REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO El brujo de la cascada, José Aguilar Haro 95 Los que cruzaron el sendero, Pedro Coñuecar Arraño 97 La mujer del delantal azul, Josefina Godoy Soto 99
::5:: ANTOLOGÍA 2025 REGIÓN DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA Día de pesca, Sebka Almuna Alderete 100 La oveja que no quería lana, Elunei Delgado Martínez 101 Un nuevo líder, Sofía Jarpa Ramírez 103 HISTORIAS CAMPESINAS Jurado 106 Palabras del jurado 107 PREMIOS NACIONALES Rara, Mirna Yáñez Paillayao. Región de Los Lagos 109 Origen de la leyenda de Jurasi, José Morales Salazar. Región de Arica y Parinacota 111 El Chofa Potopelao, Alejandra Cruz Aravena. Región de Ñuble 115 La sanadora del campo, Rubén Sepúlveda Moraga. Región de O’Higgins 117 El estofado de la tía Juana, Fernando San Martín Bello. Región de Ñuble 121 Cantos para la cruz, Emilia Ortiz Lorca. Región de Arica y Parinacota 125 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA El retorno del Ño Carnavalón, Maylin Chura Quispe 126 El secreto del Ño Carnavalón, Cristóbal Pérez Torres 128 REGIÓN DE TARAPACÁ Donde el desierto habla en madera, Antonia Varela Carvajal 130 Aquí llevo a todas mis warmis, Mónica Segovia 132 El tonto Juan, Celeste Cruz Choquevillca 135 REGIÓN DE ANTOFAGASTA La carroza desbocada, Luis Aciares González 137 El romero de Gladys, Any Roa Bravo 139 Luciérnagas, Alejandra Tello Salvatierra 141 REGIÓN DE ATACAMA El pañuelo de seda, Ximena Bazaes Palleres 142 El silencio del viento, cuento del campo atacameño, Isabella Bordones Contreras 144 El silencio de los cerros, Florencia Cuadra Peña 145 REGIÓN DE COQUIMBO Donde el agua guarda la memoria, Verónica González Delgado 147 Cacolito, Nicol Romero Torres 148 El chancho encadenado, José Ibacache Aguilera 150 REGIÓN DE VALPARAÍSO Mi primo Toño, Pilar Villanueva Salinas 151 Cemento, Constanza Gallardo Fuentes 154 Los dulces de la abuela, Dixie Olguín Lazcano 156
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::6:: REGIÓN METROPOLITANA Ángeles de Cuasimodo, Carolina Canto Alarcón 159 Temporada de cosecha, Rocío Salinas Castro 161 La cantora de mi tata, José Contreras Márquez 163 REGIÓN DEL LIBERTADOR GENERAL BERNARDO O'HIGGINS El último traje blanco de Juanita, Elizabeth Gaete Flores 166 El chincol, la torcacita y el zorro, Jaime Herrera Darcangeli 168 Visitas en Graneros, Alejandro Peña Sepúlveda 170 REGIÓN DEL MAULE Arsenio, Patricia Morandé Osorio 172 La señora que sembraba, Tomás Castillo Muñoz 174 Hijo de la luna, Víctor Caro Ramírez 175 REGIÓN DE ÑUBLE Las piedras comadres, Monserrat Toro 177 Migración anual, Camila Palma Salgado 178 REGIÓN DEL BIOBÍO La niña más fea de la escuela, Dannit Cifuentes Castro 180 La santa del boldo, Francesca Salas 182 Huesos rotos, Cesar Montenegro Trangolao 184 REGIÓN DE LA ARAUCANÍA La gran carrera, Oscar Medina Maureira 187 El Atao de Mentiras, Rodrigo Gutiérrez Pérez 190 Florencio, Edita Pérez Maldonado 191 REGIÓN DE LOS RÍOS Con los pies en la tierra, Diana Rivas Ojeda 193 Nompuehuenu, al otro lado del cielo, Devora Oyarzún Pérez 195 De asuntos divinos a diligencias mágicas, Nataly Lagos Montecinos 197 REGIÓN DE LOS LAGOS Rescate en Golfo de Penas, Luis Bustos Castro 199 Una historia, un recuerdo, Pabla Solís Vásquez 201 REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO Mateo, el guacho del viento, Pablo Hernández 203 Hoja de acero negro, Pedro Rodríguez Araya 205 Secretos de cocina, Rosa Gómez Miranda 207
::7:: ANTOLOGÍA 2025 REGIÓN DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA Trauco, el viejo ovejero, María Francisca Possel González 209 El león de Magallanes, Gustavo Coria Barría 211 City tour, Maritza Loaiza Medina 213 POESÍA DEL MUNDO RURAL Jurado 218 Palabras del jurado 219 PREMIOS NACIONALES La palabra, Wilson Díaz Plaza. Región de Atacama 221 Wera Wenu Werken, Erwin Nettig Rosales. Región de Los Ríos 223 Vete pero…, Mario Varas Tapia. Región de Valparaíso 225 Julia, Carolina Ferreira Soto. Región de Valparaíso 227 La doctrina del colono, Aurora Sánchez Toro. Región O’Higgins 229 Milcao, Francesca González Tobar. Región Metropolitana 231 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA El cerro que escucha, Florencia Ubilla Llanos 233 La Madre Tierra me ha llamado, Walter Flores Velásquez 235 Romance de Car’e Gallo, José Morales 237 REGIÓN DE TARAPACÁ Nunca nos silenciarán, Andrea Carvajal Almonacid 239 El parto, Héctor Barraza Ahumada 241 Tiraneña, Mónica Segovia 242 REGIÓN DE ANTOFAGASTA Memoria del desierto, Miguel Castillo Fernández 244 Mi conciencia en tu mirada, Marlene Salvatierra Cortés 245 La patasca, Tania Sepúlveda Inzunza 246 REGIÓN DE ATACAMA Amolanas, tierra de nadie, Joshua Montecinos Henríquez 247 Potrerillos (haiku), Juan Ignacio Díaz Miranda 248 REGIÓN DE COQUIMBO Sabiduría diaguita, Ismael Rojas Carvajal 249 ¿Por qué seguir aquí?, Angélica Baeza 250 Recuerdos de mi infancia. Niño pastor de puercos en Islón, Bernabé Hernández Maldonado 251 REGIÓN DE VALPARAÍSO Sus árboles desnudos, Bernarda Orrego Maya 253 Donde habitan los tucúqueres, Pilar Villanueva Salinas 255
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::8:: REGIÓN METROPOLITANA Somos uno, Kevin Ávila 257 Chócale, María de los Ángeles Espejo 258 Escobera, Verónica Riveros Soto 259 REGIÓN DEL LIBERTADOR GENERAL BERNARDO O'HIGGINS Respiración, María de los Ángeles Mena Celedón 260 Gallina, María Carolina Quintana Cerpa 261 El marero, Pablo Carvajal Ortiz 263 REGIÓN DEL MAULE Lluvia bajo la terraza, Renato Martínez Millacán 264 La calma entre soles y lunas, Matías Velásquez Vargas 265 Cordero, Ángel Mendoza Núñez 267 REGIÓN DE ÑUBLE La cocina retirada, Luis Araya Sepúlveda 268 Sombra de seres perdidos, Luisa Villalobos Muñoz 270 Los hilos de tierra chilena, Dannae Améstica 271 REGIÓN DEL BIOBÍO Cobquecura nocturno, Richard Pedreros Godoy 272 Antuco, tierra de nieve y fuego, Alejandra Figueroa Figueroa 273 Viejo roble, Enrique Urrea Sepúlveda 274 REGIÓN DE LA ARAUCANÍA Fin-fin, Boroa, Kevin Coliman Ramírez 276 Rastrojos, Pablo Ayenao Lagos 278 Amaneció lloviendo, Nicolás Mellado Guzmán 279 REGIÓN DE LOS RÍOS Raíces que susurran, Leticia Poblete González 280 Lo que transcurre en la memoria de la pálida palabra, Óscar Antillanca Díaz 282 REGIÓN DE LOS LAGOS Mi hijo es huilliche, Julio Torres Sánchez 283 El camino del brujo, Cristoferth Zúñiga Aburto 284 Chon-chon, Fabián Álvarez Pinilla 285 REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO Puerto Aysén, Alicia Steinmeyer Morgado 286 Poema de nuestra tierra, María Isidora Díaz Guerra 287 Ojos de yagán Johanna Contreras Verdejo 288
::9:: ANTOLOGÍA 2025 REGIÓN DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA Tierra de agua, Moira Aicon González 289 Pinceladas de inocencia, María Antonieta Barrientos Bahamondez 291 Del crepitar del fuego resurge el pueblo Selk’nam, Leonardo Gutiérrez Fierro 293 DIBUJO Jurado 296 Palabras del jurado 297 EDUCACIÓN BÁSICA La dormidita, Catalina Parra Dionicio 298 Pastoreando el rebaño en la zona sur de Chile, Maximiliano Espinoza Godoy 299 La complicidad, Josefa Cortez Gómez 300 Quinoa y yogurt, Cristóbal Messina González 301 Amanecer andino, Mauricio Arias 302 Crees haber visto a la Pincoya?, Laura Díaz Molina 303 Mi bonifacio, Asia Contesse Eliash 304 La verdadera belleza de Chile, Antonia Alcaino Ugarte 305 EDUCACIÓN MEDIA Entre la tierra y el trueque, Antonella Oyarzun Fuentes 306 Iglesia de Chiloé, Emilia Díaz Molina 307 ¡Wajuu!, Catalina González Cuevas 308 Las tortillas de rescoldo de la Chepita, Emilia Delgado Gómez 309 Cariño botado, Paula Mursell Barrios 310 Velorio del angelito, Antonia Zúñiga Gaete 311 Como agua entre los dedos, Constanza Cid Brito 312
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::10::
::11:: ANTOLOGÍA 2025 Andrea Fresard Lemmermann Directora Ejecutiva FUCOA María Ignacia Fernández Gatica Ministra de Agricultura Santiago, marzo 2026 PRESENTACIÓN MINISTERIO DE AGRICULTURA Desde su creación, Historias de Nuestra Tierra ha sido una política pública cultural orientada a reconocer, preservar y proyectar la identidad del mundo rural chileno. A lo largo de más de tres décadas, este concurso ha permitido que miles de personas, de distintos territorios y generaciones, compartan sus relatos, memorias y miradas, contribuyendo a la construcción de un país que valora su diversidad y su historia. El año 2025 marca un nuevo hito para esta iniciativa, con la recepción de 6.622 obras, cifra récord que refleja no solo el interés sostenido de la ciudadanía, sino también la confianza depositada en un espacio de expresión cultural impulsado desde el Estado. Cada texto constituye un testimonio vivo del Chile rural, de sus transformaciones sociales, de sus desafíos y de la vigencia de sus tradiciones, reafirmando que la cultura es un componente esencial del desarrollo territorial. Resulta especialmente significativo el aumento de la participación de niñas y niños menores de 14 años, particularmente en la categoría de cuento. Esta presencia creciente de nuevas generaciones evidencia el impacto de las políticas de fomento cultural y educativo, y confirma que la escritura sigue siendo una herramienta fundamental para fortalecer la identidad, el pensamiento crítico y el vínculo con los territorios. Historias de Nuestra Tierra se consolida así como un espacio intergeneracional que articula memoria, presente y futuro. En un contexto marcado por la expansión de las tecnologías digitales y la inmediatez, promover la escritura reflexiva y la creación literaria adquiere un valor estratégico. La labor desarrollada por la Fundación de Comunicaciones, Capacitación y Cultura del Agro, FUCOA, ha sido clave para ampliar el alcance territorial del concurso, fortalecer su dimensión formativa y garantizar la calidad de las obras, en coherencia con una visión de desarrollo rural integral, inclusivo y descentralizado. Esta antología es una expresión concreta del compromiso del Estado con la cultura rural y con el reconocimiento de quienes habitan y construyen día a día nuestros territorios. Es, al mismo tiempo, una invitación a seguir escuchando, valorando y proyectando las historias que dan forma a nuestra tierra y a un Chile más cohesionado, diverso y consciente de sus raíces.
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::12::
ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Cuentos escritos por niños, niñas y jóvenes menores de 14 años En memoria de Jilian Conti Ramos Tenemos el honor de publicar en esta Antología su último cuento titulado "El establo de los susurro" que obtuvo el Primer lugar regional de Coquimbo en la categoría Cuento menor de 14 años.
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::14:: JURADO NACIONAL CATEGORÍA CUENTO MENOR JOSEFINA HEPP Es agrónoma, máster en Protección y Manejo Ambiental de la Universidad de Edimburgo y doctora en Ciencias de la Agricultura de la Pontificia Universidad de Chile. También es escritora de libros infantiles informativos y de ficción, como La época de las semillas (2020), De brujas caprichosas y hadas desencantadas (2022) y Auxilio, socorro. Historia de un malentendido (2020), que escribió junto a su padre. LUZ REYES Coordinadora Premio de Literatura Infantil y Juvenil Medalla Colibrí 2014-2021 y la colección de libros para mediadores de lectura “Alas de colibrí”. Ha coordinado varias instancias de evaluación y selección de libros, además de ejercer como docente universitaria. Posee una amplia experiencia en el ámbito privado y público como profesional en el programa de Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación y actualmente como profesional de la coordinación de fomento lector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. NICOLÁS CRUZ Escritor, profesor y guionista. Ha realizado talleres en el 3er Congreso Internacional de caricatura FILO 2017, México, en Casa Contada, Milagros producciones y en la Biblioteca GAM. Fue parte del Plan de Fomento Lector, visitando establecimientos educacionales y realizando visitas de autor, y talleres de microcuentos junto a los alumnos. Premiado con diversos reconocimientos a nivel nacional e internacional, entre ellos el Premio Municipal de Literatura de la Municipalidad de Santiago, en la categoría cuentos, 2006; el Certamen Hispanoamericano de relatos Letra Turbia 2011 de España; el concurso de cuentos Animita Cartonera 2012; el premio Lector Mejor Libro de Cuentos Publicado el año 2015.
::15:: ANTOLOGÍA 2025 PALABRAS DEL JURADO CATEGORÍA CUENTO MENOR Siempre es un honor y una responsabilidad ser parte del jurado de un concurso literario, sobre todo cuando este tiene la misión de preservar las tradiciones, costumbres y leyendas de nuestra tierra. Debido a esto es un gusto presenciar el aumento en la cantidad de los textos recibidos este año, en la edición 33 del concurso Historias de Nuestra Tierra, y cómo edición tras edición, el concurso se ha consolidado como un referente ineludible entre los concursos literarios nacionales, dejando una huella en las autoras y autores que han resultado premiados a través del tiempo, siendo un impulso fundamental en su escritura. En esta versión del certamen, los miembros del jurado de cuento menor destacamos entre la gran cantidad de cuentos recibidos, a “Del corazón a la mesa”, un cuento distintivo de la cultura culinaria chilena, ligado no solamente a la transmisión de las recetas típicas de nuestra cocina, sino a la emocionalidad, a la suma de historias y sentires que vive en cada plato. En sus letras cobran vida la transmisión de valores y afectos que se vive en cada cocina de Chile. También destacamos la memoria de los juegos típicos en “La payaya”, y su sobrevivencia en días de hiper tecnologización, cómo un puente que conecta nuestro pasado y presente, uniendo a los mayores y los más jóvenes. Destacamos además el rol que las leyendas cumplen en nuestra identidad patria, el patrimonio inmaterial que ellas constituyen en el cuento “El gran pájaro dorado”. La labor de jurados nos brinda un lugar de privilegio para apreciar la diversidad de plumas, temáticas y sensibilidades que trabajan las autoras y autores a lo largo de todo nuestro territorio, a la hora de enfrentarse a un concurso de esta naturaleza, ampliando nuestra visión del quehacer literario en Chile, y las distintas realidades que lo habitan. Invitamos a las lectoras y lectores a disfrutar de esta selección de cuentos, tal como hicimos nosotros. Buen provecho. Nicolás Cruz Valdivieso Presidente del jurado
::16:: ANTOLOGÍA 2025 Ilustración: Dannaé Álvarez
::17:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS PREMIOS NACIONALES DEL CORAZÓN A LA MESA Arturo Silva Muñoz Primer lugar nacional Primer lugar regional Región del Maule Hualañé 14 años En un rincón escondido del secano maulino, encontramos a Los Sauces de Hualañé, un lugar donde los cerros se tiñen de dorado al atardecer y el viento huele a boldo, quillay, eucaliptus y romero. Ahí vivía mi abuelita Guillermina: una mujer de manos curtidas por la harina y la leña, de voz suave y amable como la lana de oveja, una tremenda mujer llena de amor y dulzura. Esa era ella y así la recuerdo. Con el delantal enpolvao, con las manos con masa, el pelo tomado y una sonrisa tan viva como ninguna. Todos decían que su cocina era la mejor, que ahí pasaban cosas mágicas e inigualables, que, si uno entraba con pena, salía muerto de la risa, y si llegabas enojao, con un buen caldo se te quitaba la maña1. Si entrabas con hambre, bueno, ahí conocías el cielo. Cuando el sol caía redondo como tortilla en el horizonte, doña Guillermina empezaba a calentar la cocina y a preparar sus delicias. “Vengan pa’ acá”, decía. “No se queden en la puerta como si me fueran a robar la receta”, gritaba. “Siéntense, que la mesa está caliente y el brasero tiene ganas de contar cosas dulces y deliciosas”, refunfuñaba. Ahí, en su cocina, en su tesoro, nos preparaba cosas maravillosas como empanadas y pan amasado, pero lo más rico, lo más delicioso, lo más cerca al corazón del campo que nos gustaba comer y a ella le gustaba preparar, eran sus deliciosas “guañaquitas”2. —Hoy les traigo guañaquitas dulces, pero no cualquier dulzura de feria —decía—. Estas son de las que despiertan recuerdos, alegran penas y hacen llorar al más macho con solo el olor, ¡a ya yai!3, qué cosa más rica —nos comentaba. Ahí nos contaba cómo se hacían y aunque lo repitiera todos los días, todos los días la escuchábamos con el mismo afán y devoción. Y doña Guillermina hablaba: —Lo que van a necesitar será harina tostada, de esa que parece tierra noble y hecha por el mejor molinero, don Yayo. Un poco de grasa o mantequilla derretida, pa’ que no se sequen, que me la trae el Tito. Y aquí viene la magia, chancaca derretida, que burbujea como caldero de bruja buena, ¡éjale!4 , con un poquito de canela, para el perfume con olor a antiguo, y cascarita de naranja rallada para que cada bocado tenga gusto a amor, sol y sueños cumplidos. 1 Maña: se utiliza para describir vicios, malas costumbres, trucos o artimañas (nota de la edición). 2 Guañaquitas: especie de dulce chileno, parecido a un alfajor (nota del autor). 3 A ya yai: expresión de asombro (nota del autor). 4 Éjale: expresión que denota sorpresa, asombro (nota del autor).
::18:: ANTOLOGÍA 2025 PREMIOS NACIONALES Además, mi querida abuelita Guillermina agregaba palabras sabias que nos llegaban al corazón: —Todo esto se junta con amor y devoción. Y no es chiste, el amor es la condición. Si no lo hacen con cariño, les van a quedar como hechas con maña, y mañosos no queremos en esta cocina. ¡He dicho! La chancaca calentita la echaba de a poco, no a “lo loca”, ni a “lo tonta”. La iba mezclando con la harina, cuchara tras cucharada, hasta que se ponía oscura y muy húmeda, como tierra mojada con rocío de la mañana más linda. La canela le cantaba bajito. Y la naranja... ¡ah!, la naranja le metía alegría al alma y regocijo al cuerpo. Y todo eso con mucha paciencia. Después, hacía una masa que se amasaba suavecito, como quien acaricia a un gato mañosito, y hacia las bolitas, las aplanaba con la mano, nada de moldes, que eso mata la gracia y envenena la masa, y las pasaba al sartén calientitos. Nada de horno moderno. Todo con leña y sudor. Cuando estaban listas, doraditas, y el olor te pegaba directo en el corazón, desde adentro, se venía lo bueno, y se pegaban con otro poco de chancaca, que más parecía manjar de las almas, y le ponía una pincelada de luna nueva, y un poco de viento de campo y ¡ya está!. ¡Ah! Y que no se nos olvide la azúcar flor, hecha con piedra y sudor. ¿Y saben qué gusto tenían estas guañaquitas? A domingo sin prisa. A abuelita del alma que te mira como alguna estrella. A fiesta improvisada en la cocina. A invierno con brasas, llanto, cuentos y viento soplando los membrillos y los duraznos. Sabían a amor, de ese, del bueno. Del que más te gusta. A eso sabían. Estas guañaquitas no se venden, pero sí se regalan, se dan a quien uno quiere y ama. Y claramente a quien lo merece. Porque llevan amor del bueno, del que no se echa a perder. Y acuérdense de la abuelita Guillermina, que no tenía plata ni fortuna, pero tenía el alma llena de dulzura y uno que otro secretito metido entre las brasas y el fogón.
::19:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS PREMIOS NACIONALES LA PAYAYA Sebastián Púa Valenzuela Segundo lugar nacional Primer lugar regional Región de O’Higgins Doñihue 14 años Hasta el año pasado, cada vez que llegaba el invierno, me ponía de mal humor. La razón es que vivo en un rincón apartado de la comuna de Doñihue, un pueblito rural con poquitos habitantes y al más mínimo vientecillo que corre, se corta la luz, y ahí quedamos… ¡todos a oscuras! La mayoría de las veces los cortes duran algunas horas, pero hubo una ocasión en que el corte duró cinco días. ¡Quedó la tendalá5! El colegio debió suspender las clases, el comité de agua potable empezó a tener problemas con los motores que distribuyen el agua por sus cañerías, tuvieron que bloquear el paso en algunos caminos, no paraba de llover y, lo peor de todo, seguía corriendo viento. Mi mamá rabiaba sobre todo a la hora de lavar la ropa, que después había que secar al lado de la chimenea, quedando pasá a humo. Pero sin lugar a duda la peor tragedia que pudo suceder fue que no se podía jugar Play. En casa, tuvimos que aprovechar al máximo la luz del día y apenas se oscurecía, había que acostarse, aunque uno no tuviera sueño. ¡Los días pa’ aburridores! No había en que entretenerse y si uno se quejaba mucho lo mandaban a ayudar a hacer las cosas, hasta que un día mi agüelita Mela me enseñó el juego más entretenido de todos. —Usted se aburre porque quiere no más —me dijo y salió al patio a recoger un par de piedrecitas. No entendía mucho qué es lo que estaba haciendo, pensé que me mandaría a buscar otras pocas piedras a mí, pero no sabía para qué. —Mire, cuando yo era chica, podía pasar horas jugando a la payaya —me comentó, sentándose a mi lado. —A la pa… ¿Qué? —pregunté, con un ataque de risa. No sabía si se había equivocado o había pronunciado mal. 5 Tendalá: expresión coloquial chilena que indica que algo quedó en un estado de desorden, desastre o caos (nota de la edición).
::20:: ANTOLOGÍA 2025 Ilustración: Mariel Sanhueza
::21:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS —¡PA YA YA! —escucharon de nuevo mis oídos. Aunque al principio me provocó mucha risa el nombre raro, luego mi abu me explicó que es un juego antiquísimo que ella jugaba cuando chica (uf, hartas décadas atrás). Puedes jugar solo o con más personas, se deben buscar cinco piedritas pequeñas semi circulares, parecidas en tamaño a una bolita o un tirito, y una superficie lisa que puede ser una mesa o el suelo. Se extienden las piedritas en la superficie, con la mano dominante lanzas una hacia arriba y con la misma mano recoges otra, para luego recibir la piedrita que lanzaste al aire. La piedrita que ya recogiste la dejas en tu otra mano, y vuelves a lanzar una piedrita hacia arriba y recoges otra piedrita, hasta recogerlas todas. Luego para la etapa dos, lanzas una piedrita y recoges dos y así sucesivamente. El juego a medida que pasas las distintas etapas va aumentando su dificultad, pero también las ganas de pasarla bien y seguir jugando. Ahora cuando corre viento ya no me preocupo, y aunque ya no es necesario que se corte la luz para jugar a la payaya; si llegamos a quedar oscuros, sacamos las bolsitas donde guardamos nuestras piedritas y jugamos por horas. Se podría decir que me convertí en un payayagamer, y de los buenos. PREMIOS NACIONALES
::22:: ANTOLOGÍA 2025 Ilustración: Dannaé Álvarez
::23:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS EL GRAN PÁJARO DORADO Emilia Maturana Arenas Tercer lugar nacional Primer lugar regional Región de Atacama Copiapó 11 años Un 15 de abril de 1839, en la ciudad de Copiapó, nació una niña llamada Mary, una pequeña revoltosa y rebelde que siempre iba contra las reglas pues odiaba usar vestido, tener que jugar a ser madre o simplemente peinarse. Para cuando tenía 13 años ya sabía leer y escribir, lo cual era muy raro para una joven de su edad. Aprendió mientras miraba a su padre, porque le parecía increíble como podía entender algo que a ella le parecía incomprensible. En su adolescencia, se vestía de hombre para tratar de entrar a las clases de matemática en escuelas masculinas y siempre la terminaban sacando. En algún momento, a Mary le empezó a interesar muchísimo la minería, algo emblemático de su ciudad. Le parecía fantástico el hecho de poder meterse por las rocas y encontrar piedras preciosas. Se pasaba su tiempo libre pensando en lo increíble que era aquello, pero después bajaba a la realidad y recordaba que a las mujeres no se les permitía trabajar en minas. Aquello le parecía injusto pues sentía que era igual de capaz que un hombre. Un día, cuando Mary fue a comprar a un almacén cercano, leyó el titular del diario: “Minero asegura haber visto un pájaro dorado saliendo de la mina”, decía en letras grandes y claras. Mary imaginó lo que tuvo que haber vivido ese minero y lo genial que sería ver algo de ese estilo. Al volver a casa, Mary pensó de nuevo en lo que había leído en el diario: ¿un pájaro dorado? ¿y saliendo de una mina? Era algo bastante extraño, pero trató de no darle más vueltas al asunto y se fue a dormir. Esa noche Mary soñó que estaba en el distrito minero Tres Puntas, el lugar donde el minero había visto al pájaro de oro, fue fácil reconocer el lugar pues se sabía todos los nombres de las minas de la región. Llevaba uniforme de minero y se adentraba en la mina, donde vio al pájaro dorado lleno de joyas alrededor. —Ven a buscarme, te estaré esperando —dijo el pájaro y, en ese momento, Mary despertó frenéticamente. PREMIOS NACIONALES
::24:: ANTOLOGÍA 2025 A la mañana siguiente, apenas despertó, Mary decidió ir en busca de ese tal pájaro dorado. Se puso un vestido suelto ya que planeaba robar algún traje de trabajador allá, se armó de valor, pero apenas cruzó el umbral de la puerta, empezó a darle muchas vueltas al asunto. “¿Y si todo sale mal?... y ¿si me arrestan?, tal vez esto no es una buena idea”, pensaba. Luego, tomó el recorte del diario, lo leyó nuevamente y fue como si todos sus miedos se hubieran disipado y simplemente asintió con la cabeza. Al llegar al distrito minero Tres Puntas, trató de pasar desapercibida fingiendo ser la esposa de un trabajador. En su búsqueda de algún uniforme de minero abandonado encontró algunos colgados en un cordel, escogió el que fuera de su talla, se puso un casco y trató de esconder su larga cabellera en él. Tomando la excusa de que la habían mandado a trabajar un turno dentro de la mina se encaminó hacia ella. En el trayecto, las dudas empezaron a volver: ¿qué estoy haciendo?, ¿buscando un pájaro dorado que vi en un sueño? Pero dejó de cuestionarse al ver la mina enfrente de ella. Tomó un gran sorbo de aire y entró. Le sorprendió bastante que la mina era igual a la que vio en sus sueños. Estaba tan fascinada por estar en una mina que al final no se dio cuenta de que se había quedado completamente a oscuras. Recordó que llevaba una lámpara, al prenderla quedó mucho más fascinada de lo que estaba viendo. El suelo estaba repleto de oro, diamantes y todas las joyas que se imaginara. Estaba tan cegada por todas las riquezas que había que no se dio cuenta que el mismo pájaro que vio en sus sueños la estaba mirando fijamente, era exactamente como lo recordaba, gigante, dorado y plateado, y con la misma mirada amenazadora que vio en sus sueños. Justo cuando menos lo pensaba el pájaro le habló: —Pensé que no vendrías —dijo, sin dejar de mirar fijamente a Mary. Ella, sin saber qué decirle a un pájaro gigante, solo lo miraba asustada. —He aparecido en los sueños de muchos, pero ninguno ha tenido el valor de seguirme hasta aquí —dijo el pájaro, dándose la vuelta. —¿Qué eres? —preguntó Mary, consiguiendo al fin el valor para hablar. —Soy el Alicanto, un pájaro mágico que se alimenta de joyas. Hasta hace poco tiempo éramos muchos, pero con la llegada de las minas solo he quedado yo —dijo en tono melancólico—, pero no es a eso a lo que te he llamado. Como has tenido el valor para venir a buscarme, he decidido regalarte parte de mi riqueza. PREMIOS NACIONALES
::25:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS —Yo no quiero riquezas, es más, no las necesito —dijo ella un poco confundida. —Entonces, te puedo dar la vida eterna —replicó el pájaro algo enojado porque le habían rechazado su oferta. —Tampoco quiero eso —dijo Mary dispuesta a discutir con el Alicanto. —¿Entonces, ¿qué quieres? —preguntó el Alicanto que parecía más molesto por la actitud de Mary. —Quiero que cada vez que veas a alguien guiado por la avaricia de tus riquezas, lo conduzcas hacia la muerte —dijo Mary que parecía lo más decidida posible. —Ya veo... ¡Lo haré! Solo porque has sido la primera en encontrarme —y el pájaro pasó su ala por la cara de Mary y ella despertó recostada en su cama. Parecía como si hubiera sido un sueño, pero al abrir su mano encontró un trozo de oro y comprendió que todo fue real. PREMIOS NACIONALES
::26:: ANTOLOGÍA 2025 Ilustración: Mariel Sanhueza
::27:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS DON AGUSTÍN Y EL ANCHIMALÉN6 Fernando Rodríguez Ovalle Premio especial Pueblos Originarios Región de La Araucanía Temuco 14 años En un sector campesino mapuche de la Araucanía, cuenta la leyenda que existen dos luces que cuidan los campos: una pequeña y una grande. La primera es de color verde azulado casi calipso, con destellos blanquecinos. Su núcleo tiene un brillo hermoso que no ilumina el entorno y tampoco emite ruido, no es sólida, parece hecha de plasma. Se ve por los campos, a poca altura, no más allá de un metro y medio. Se mueve ágil y dinámica como si estuviera jugando a dar saltitos en el aire o en el suelo. A veces parece alegre y otras veces triste. Pero si alguien entra a los campos con malas intenciones, esa luz se enfurece. Solo se ve de noche, aunque también existe de día, pero nuestros ojos no la pueden ver. Cuando alguien la ve dice “¡ahí anda el Anchimalén!”, pero no se queda a comprobar qué es, simplemente sale arrancando. La segunda luz es de color naranja rojizo, con destellos amarillos, mucho más grande. Se mueve con menos agilidad, parece más pesada o poderosa, más seria. Flota y se desliza a una altura cercana a los dos metros o un poco más. Sobrepasa los cercos del campo por sobre las estacas sin problema. Es similar en consistencia a la otra luz. Si la enfocas con los focos de un auto, la luz de los focos parecieran traspasarla. Le dicen el Wekufe7. Se les teme y con razón. A ambas luces se les atribuyen enfermedades repentinas, fiebres inexplicables, delirios y desmayos. Nadie se atreve a nombrarlas de noche. En el sector Los Coigües vive una familia, cuyo apellido no diré, por razones que ustedes ya se imaginarán. La leyenda cuenta que son brujos y dicen que el patriarca era el dueño de estas luces. Cuando murió, las luces que protegían sus bienes se quedaron, y han ido pasando de generación en generación como herencia secreta. Hace poco falleció un vecino del sector, descendiente de ese linaje. Se hizo el velorio y, como corresponde, todos fuimos, pero no vimos nada raro. Sin embargo, tres noches después ocurrió algo que remeció a otro vecino del sector. Don Agustín vivía justo al lado izquierdo del terreno del vecino fallecido. Esa noche, como siempre salió a encerrar sus ovejas. Era un hombre grande, alto y maceteado como dicen en el campo, y aunque cojeaba y usaba un bastón, imponía respeto, acostumbraba a andar de noche sin linterna y sin temor. Si lo vieras, pensarías que no le teme a nada. Justo al llegar al portón de su sitio vio una luz saltando a baja altura al fondo del campo, se quedó helado y un escalofrío le recorrió la espalda. Al ver la luz, salió corriendo como una gallina espantada. 6 Anchimalén: espíritu protector heredado por linaje. Obedece a su dueño y puede hacer el bien o el mal según voluntad. Se cría para cuidar bienes y terrenos (nota del autor). 7 Wekufe: ser maligno que trabaja en favor de un brujo poderoso (nota del autor). PREMIOS NACIONALES
::28:: ANTOLOGÍA 2025 La cobardía se le metió por los poros. Alcanzó a meterse a la casa y cerró puertas y ventanas lo más rápido que pudo. “Este debe ser el Anchimalén del vecino que quedó solito”, pensó y se encerró en su pieza, sin atreverse a mirar por la ventana. Tenía miedo, estaba solo y su teléfono no tenía señal para pedir ayuda, la noche era súper oscura, y no se atrevía a prender la luz, sudaba frío y las manos le temblaban. Acorralado por el pánico, se metió a su cama con la ropa puesta, apenas se sacó los zapatos. Su bastón desapareció, quién sabe dónde fue a caer con tanto pánico. Pasó la noche sin dormir y escuchaba a los perros aullar de vez en cuando. Cada aullido le clavaba un escalofrío más hondo, y los pelos se le erizaban. Cuando al fin amaneció, sintió alivio al escuchar el canto del gallo. Se relajó y sin darse cuenta se quedó profundamente dormido. Toc toc toc. Golpearon la puerta con fuerza. Despertó de un salto y con el corazón agitado. Ya era de día, pero no se atrevía a salir de la pieza. Se puso los zapatos lo más rápido que pudo. No hizo falta vestirse porque había dormido con la ropa puesta. Toc toc toc. Volvieron a golpear. Era verdad lo que oía. Esta vez se atrevió a salir de su pieza, pero seguía tembloroso y no se atrevía a abrir la puerta principal ni a mirar por la ventana. A través de la cortina se colaba un destello de luz roja. En su mente, la pesadilla revivía: la luz, el campo, el vecino fallecido. “¿Y si esa cosa aún estaba allí, al otro lado de su puerta?”, pensó. Entonces, desde afuera, una voz humana lo rescató de su sufrimiento y del pánico. —Aló… ¿Hay alguien? —Le volvió el alma al cuerpo y se apuró en abrir la puerta aun temblando de miedo y nerviosismo. Eran los Carabineros del pueblo vecino de Los Robles. —Buenos días, caballero —le dijeron—. Estamos investigando un robo que ocurrió anoche en la casa de su vecino de al fondo. ¿Vio o escuchó algo inusual? ¿Algún ruido, luces o vehículos? —No… no… nada —respondió entrecortado, aunque en su mente una tormenta de imágenes lo sacudía: la luz que saltaba en el campo, el miedo… ¿Había sido el Anchimalén o algo más? —¿Está diciendo la verdad? —insistió el Carabinero—. Mentir en una investigación es un delito. —Sí, sí… vi una luz, pero no supe que era. Me acosté y no escuché nada más —dijo. Le hicieron más preguntas, incluso sobre qué hacía un bastón tirado en medio del potrero, y le pidieron que los llevara al sitio en el que vio la luz. Y así pasó la mañana ayudando a Carabineros, en ayunas, sintiendo que era el ser más tonto del lugar y hasta Ngaw Poñü8, por haber confundido aquella luz con “la otra luz” de la leyenda, de la que nadie quiere hablar en voz alta. Al fin y al cabo, se había cometido un delito, y el Anchimalén esta vez no tuvo nada que ver. Las luces del sector siguen haciendo su labor. Nadie quiere mencionar para quién trabajan ahora. Así que, si ve una lucecita saltando por ahí, no pregunte nada. ¡Póngase las zapatillas y corra nomás!, que no todos tienen la suerte de don Agustín: al menos alcanzó a llegar a su casa con los zapatos puestos. 8 Ngaw Poñü: canasta de papas. Nombre mapuche de las Pléyades. Su brillo guía las labores agrícolas, cuando aparecen en el cielo, es tiempo de sembrar papas y cuando desaparecen, es momento de cosecharlas (nota del autor). PREMIOS NACIONALES
::29:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS LA RECETA DE LA ABUELA Branko González Crispin Premio especial Cocina Tradicional y Gastronomía chilena Región de Arica y Parinacota Arica 14 años Hace un par de años, unos niños muy regodeones no querían comer porotos granados y se rehusaron a comerlos. Su mamá les preguntó: ¿quieren que les cuente un cuento? Los niños aceptaron. El cuento, les dijo su mamá, se llama "la receta de la abuela": “No hace muchos siglos por los 1500 a 1600, ahí por la llegada de los españoles, muchas familias tuvieron la obligación de comer muy poco o simplemente nada debido a la escasez de comida. Pero algunas otras, como esta familia que les voy a contar, pudieron sobrevivir y hacer muchas comidas típicas que hoy en día comemos. En la vieja casa y chacra9 de adobe de doña Rosario, mujer guerrera y mapuche alejada de la civilización, el calor de la cocina comenzaba a ganarle al invierno de la precordillera. Afuera, la escarcha aún abrazaba las matas de menta y el romero que crecían rebeldes junto al canal. Adentro, el olor a ajo dorado, cebolla picada y orégano seco despertaba recuerdos tan vivos como los retratos desteñidos en la pared del comedor. Camila, de 17 años, removía con cuidado la olla de greda mientras su abuela sentada en una silla de mimbre tejía, guiaba la preparación con la voz temblorosa del tiempo y la autoridad de la experiencia. Le preguntó de dónde había aprendido a cocinar tan rico y la abuela sonrió y respondió demi ñuke10 Marta, una de las mejores cocineras, tejía mientras la comida se cocinaba y criaba a mis hermanos chicos. —No te olvides del ají de color, niña, ese no se echa por bonito. Da alma —dijo la abuela, cerrando los ojos como si pudiera ver el plato ya servido. Camila no necesitaba anotar. Cada movimiento, cada medida "al ojo" era una herencia que se le grababa en la piel, como una historia tatuada en aromas. Preparaban porotos , como cada invierno desde que tenía memoria. —¿Y si alguien más quiere la receta? —preguntó Camila con picardía. —¿Se la damos?—. La abuela sonrió apenas, con esa sabiduría antigua que parecía haber nacido con las montañas. —La cocina no se da. Se comparte con quien tiene paciencia pa' escuchar y corazón pa' sentir. Mientras la olla burbujeaba con porotos, zapallo camote y albahaca recién molida, Camila recordó las veces que, de niña, jugaba a imitar a su abuela con cucharones de palo y ollas vacías. Pero ahora entendía que cocinar no era solo un acto práctico. Era un lenguaje silencioso, una forma de amar sin decirlo. 9 Chacra: palabra quechua (también usada en el mapuche) es un espacio de cultivo que servía para plantar poroto, papa, maíz, zapallo, etc. (nota del autor). 10 Ñuke: madre en aymara (nota de la autor). PREMIOS NACIONALES
::30:: ANTOLOGÍA 2025 Ilustración: Dannaé Álvarez
::31:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Cuando llegó la hora de servir, la abuela tomó el primer cucharón y lo puso en un plato hondo de loza antigua. —Este es pa' tu mamá, que siempre decía que el secreto era el zapallo dulce —Luego puso otro plato—. Este pa’ tu tío, que nunca volvió, pero que aún tengo en la mesa. Camila entendía el ritual: no se trataba solo de comida, se trataba de la memoria. Esa tarde, mientras el sol bajaba y los aromas seguían vivos en la cocina, Camila supo que no dejaría morir la receta. Ni los platos, ni los nombres, ni la historia. Porque en ese guiso humilde y espeso viajaba todo lo que ellas eran. Y así, con la cuchara en la mano y el corazón lleno, prometió que un día, en otra cocina, con su propia hija o nieta, volvería a decir: “no te olvides del ají de color, niña, ese no se echa por bonito, da alma”. Pasaron un par de años desde que Camila estuvo en la cocina con su abuela preparando porotos. Y ahora que ya no está entre nosotros, seguía pensando como si fuese ayer nomás cuando estaban cocinando. Ya nada era como antes, ya no sentía ese rico olor a porotos burbujeando en la olla y la familia esperando para comer y hablar de cómo les fue en la pega11. Solo le tocaba recordar los momentos felices de la abuela cocinando, si ella supiera que todos quieren comer de sus porotos, una receta que ella solo dominaba. Lo peor de todo esto es que hay muchas personas que lo preparan, pero ninguna con el mismo olor, con el mismo gusto. Ella fue la creadora de este plato típico chileno tan rico y del que hay muchas formas de preparación.” Y así es como termina esta historia. Gracias al relato, los niños se comieron todo antes que la mamá terminara el cuento. La mamá pensó en un momento y dijo en su cabeza: "gracias, abuela, por todo lo que me enseñaste en todos estos años juntas”. 11 Pega: refiérase a trabajo (nota de la edición). PREMIOS NACIONALES
::32:: ANTOLOGÍA 2025 LA LAGUNA QUE LLORA Paulette Dulcien Vicencio Primer lugar regional Arica 14 años Donde hoy brilla la serena laguna Chungará, hace siglos existía un valle florido, hogar de aves doradas que cantaban al correr. Allí vivía Qhana, hija de los sabios, sanadora del pueblo, capaz de leer los signos del cielo y curar con hojas y fuego. El valle era sagrado, todos cuidaban del agua como si fuera sangre, pero la paz no dura para siempre. Un día llegaron hombres con espadas y cruces. No hablaban la lengua de los cerros. No preguntaban. Querían oro, caminos y poder. Cortaron los ríos para mover sus máquinas. Profanaron los templos. Cuando Qhana los enfrentó, fue capturada y encadenada frente a todos. La Pachamama, madre de la vida, sintió el grito de su hija. Sintió el daño que le estaban haciendo, como profanaban el pequeño cuerpo de su niña. En silencio, comenzó a llorar. No llovió. Lloró. Las lágrimas brotaban de la tierra, de las piedras, del fondo del cielo. El agua lo cubrió todo. Las llamas huyeron. Las casas desaparecieron. Y los invasores, cegados por el agua salada, desaparecieron sin dejar rastro. Cuando el pueblo despertó, había nacido una laguna. En su centro, dicen que aún flota una flor blanca, imposible de alcanzar. La gente reconstruyó sus hogares a lo lejos y, cada cierto tiempo, se acerca a hacer ofrendas. Pero jamás se baña en sus aguas. Porque cada tanto, bajo la luna nueva, se oye el eco de un canto suave y triste. Dicen que es Qhana, cuidando el agua, esperando que nunca más el hombre hiera la tierra que le da de comer. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA
::33:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA LA BOTA DE CODPA Nicolás Oré Butron Segundo lugar regional Camarones 10 años Una noche, hace muchos años, todos los niños celebraban la Navidad. La gente se juntaba con su familia para esperar las doce. De repente, apareció el Viejito Pascuero con su trineo adornado con guirnaldas andinas y paquetitos con maíz tostado y sopaipillas. Llegó a la plaza repartiendo regalos para todos los niños que estaban allí esperando. Los codpeños recibieron con mucho cariño al Viejito Pascuero: le dieron de comer y de beber vino Pintatani12, ya que pensaron que venía cansado y sediento. Pero el Viejito, muy entusiasmado, bebió más de la cuenta… ¡tomó tanto que se curó! El Viejito se dio cuenta de que debía irse a entregar regalos a los demás pueblos. Como pudo, se subió a su trineo, y los renos alzaron el vuelo, desapareciendo tras el cerro. Sin embargo, no se dio cuenta de que se le había caído una bota. Desde el aire, y dentro de su borrachera, vio preocupado que algo pasaba con ella. De pronto, se puso a llover, y llovió tanto que la bota mágica se hizo gigante. Al día siguiente, el Viejito se dio cuenta de que le faltaba una bota y regresó a buscarla. Pero la bota estaba tan grande y pesada que no se la pudo llevar. Desde ese día, la bota permanece en el camino a Codpa, modelada en una piedra gigante natural. Cada año, la gente se acuerda del Viejito, y la bota aún espera a su dueño… pasado de copas. Moraleja: no se debe beber y conducir porque puedes perder tus zapatos. 12 Vino Pintatani: vino dulce producido en el valle de Codpa, en el norte de Chile (nota de la edición).
::34:: ANTOLOGÍA 2025 MYRAMAIR: LA PÁGINA QUEMADA Javiera Chávez Escudero Tercer lugar regional Arica 14 años En el valle de Azapa, entre cerros de tierra y cultivos eternamente verdes, habitaba una niña que muchos evitaban nombrar. Su nombre era Myramair, una niña un tanto peculiar, según algunos pueblerinos de la zona. Decían que era una bruja, por diferentes razones: algunos aseguraban haberla visto matando animales para hacer rituales, otros que hizo un pacto con el diablo o que tenía conjuros en su casa. Eran solo rumores. ¿Cómo una niña de 16 años haría brujería, más aún si solo vivía con su abuela, que además estaba enferma? Su único deber era cuidarla y encargarse de los cultivos. Myramair no iba a la escuela, ya que la única vez que fue, duró solo dos días. Los niños le temían por los chismes que corrían sobre ella. Aunque eso no le importaba en absoluto. Y en parte no le importaba porque algo de razón tenían. Sí, ella hacía brujería. Era un pasatiempo que descubrió tras encontrar un antiguo libro que pertenecía a su abuela y que empezó a leer a escondidas. Con el tiempo, investigó más, practicó, y se volvió bastante buena. No usaba la brujería para dañar a nadie ni con malicia: simplemente le gustaba. Un día en que el cielo estaba apagado, las nubes grises con ganas de llorar y el viento revuelto, Myramair sintió que era un momento perfecto para salir al pueblo. Como casi nunca salía por los rumores, aprovechaba los días nublados, donde nadie quería salir, para pasear un poco. Cuando vio a su abuela dormida, se escabulló en silencio, sin hacer el más mínimo ruido. No quería despertar a la mujer, quien, además de estar enferma, era muy estricta. Nunca se llevaron bien. Apenas hablaban, y la castigaba si salía de la casa. Para su abuela, Myramair era una sirvienta que debía obedecer sin rechistar. Por eso, la niña vivía encerrada en su habitación. Ya fuera de casa, se puso una de sus capas y tomó un farol. También la llamaban bruja por usar esas capas, como las que se decía que usaban las brujas antiguas. Caminó a paso rápido hasta llegar al río San José. Cruzó con cuidado por un sendero de rocas incrustadas, pisándolas una a una hasta llegar al otro lado. Su destino eran los cultivos de choclo. Allí había un espantapájaros muy bonito, y pensaba usarlo para uno de sus rituales. Además, ahí vivía su amigo, un gatito negro al que siempre le daba comida. Le encantaba la idea de llevárselo a casa, pero sabía que si lo hacía, su abuela la encerraría en el ático. Así que se limitaba a visitarlo cuando podía. Myramair acomodaba con calma las pocas cosas que había traído para su ritual: algunas flores secas, una rama de ajenjo que había escondido entre sus libros, una vela negra hecha a mano, una tiza para rayar el suelo, sal fina para espolvorear y un pequeño saquito de tela con tierra del cerro más alto del valle. Colocaba cada objeto alrededor del espantapájaros con cuidado, cuando de pronto una gran brisa de viento golpeó el lugar. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA
::35:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS No era un viento común. Era frío, casi helado, y traía un murmullo entre las hojas de choclo. Su farol parpadeó. El libro, ese viejo grimorio que guardaba, se movió solo. Como si algo lo hubiera empujado, se abrió de golpe y sus páginas comenzaron a pasar con fuerza, como si una mano invisible las buscara. Entonces se detuvo, la página abierta no tenía el mismo color de las demás. Era más oscura, parecía envejecida por un fuego antiguo, y escrita con una tinta roja como la sangre. En el borde decía: “El pacto del espí…” y no decía más, una de las partes estaba rota por las quemaduras que tenía. Era un hechizo que nunca había visto antes. Sintió que algo la llamaba. ¿Por qué el libro se habrá abierto en esa página en especial? Su gatito negro comenzó a maullar, alterado y justo cuando leyó las primeras líneas en voz baja, el espantapájaros se movió. No por el viento. Se giró lentamente hacia ella, como si estuviera vivo. Y detrás de él, entre los cultivos, una figura alta, delgada y cubierta de sombras empezó a emerger. No tenía rostro, pero su silueta quemaba el aire a su alrededor. Myramair asustada tomó a su gatito y su libro para empezar a correr entre los pastizales, sentía que corría en círculos, las nubes empezaron a volverse más oscuras aún y la lluvia empezó a caer más fuerte, de pronto chocó con alguien, miró hacia arriba y era el mismo hombre. Pero esta vez con su caballo, uno grande y negro. El hombre tenía tapada la cara con una pañoleta y sobre su cabeza había un sombrero negro con un listón rojo. El jinete no dijo ni una palabra. El caballo resopló con fuerza, como si también percibiera aquella presencia que los acechaba. Myramair retrocedió un paso, apretando fuerte a su gatito contra el pecho, con la respiración entrecortada. —¿Quién… quién eres? —se atrevió a preguntar. El hombre bajó lentamente de su caballo. Sus botas hundían la tierra mojada, pero no hacían ruido. Al quitarse la pañoleta, sus ojos brillaban como brasas, y su piel parecía hecha de ceniza agrietada. No era un hombre común. —Has abierto lo que debía permanecer sellado —dijo con una voz profunda, que parecía salir de la tierra misma—. “El pacto del Espí…” no debía ser leído. Myramair sintió un escalofrío. Ese era el título del conjuro incompleto. La parte final del nombre estaba quemada, ilegible. “Espí…” ¿Espí qué? ¿Espíritu? ¿Espina? ¿Espectro? Nadie lo sabía. Ni siquiera ella. —Pero yo no lo busqué —susurró—. El libro se abrió solo… las páginas pasaron solas. El jinete se acercó y, con un gesto lento, colocó en su mano un amuleto de piedra volcánica, con una espiral grabada en el centro. El aire a su alrededor parecía vibrar. —Este es un sello. Si no completas el pacto, la entidad que se nombra al final de ese conjuro vendrá por ti en la próxima luna llena. Si decides completarlo… tendrás que pagar un precio. —¿Y si no quiero hacer el pacto? —preguntó ella, con la voz entrecortada. —Entonces más vale que empieces a correr, brujita —susurró él y en un pestañeo, desapareció. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA
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