::261:: POESÍA DEL MUNDO RURAL REGIÓN METROPOLITANA Infancia de Chile Gastón García Sepúlveda Primer lugar regional San Miguel 35 años Es tarde. Los campesinos hacen caer sus herramientas. Sus espaldas han hecho brotar un cielo desapercibido. La casa del campesino tiene un pozo séptico, paredes de madera, velas incandescentes, una chimenea. No hay agua potable: pantalones y frazadas cuelgan del abismo. Él lleva un tesoro hacia esa tranquilidad, el trabajo frío y salobre, la voz de grillos oníricos, el verbo del universo tatuado en las constelaciones que admira, ¿acaso enciende un tabaco para demostrarse humano? Soy el niño vuelto hombre, pronto seré anciano, luego el olvido del olvido. Y cuando, Madre, arrullado a tu voz me despierte en voces innumerables, te hablaré entonces del viento que amarillo llega a mi rebaño. Llueve y llora el alba detrás de las montañas, las manos del sol se posan al fin sobre mi cabeza después de la intemperie. Hermana mía, ¿quién soy entre los silencios de este mundo? Solo el crepitar de las fogatas viene a darles tinta y recuerdo: Ahora, con grilletes, digo el nombre inexistente de Chile. Porque eres la madre de mi madre, la madre de mis hijos, mi propia madre, mi hermana, mi hija… A ti debo respeto, Madre Tierra. Soy si tú me brotas y con el canto de queltehues me despide la tarde hermosa. El cielo se doblega ante sus alas aquellas horas de cristal en la conciencia. Saludo a los campesinos que regresan de la faena semimuertos y fumando. Con un gesto se sacan el sombrero y dicen: buenas tardes ‘eñor. Yo les devuelvo una mueca, los molinos se callan, es todo la ópera de grillos en la vastedad del campo, el entumecimiento, el respirar fragancia de cáñamo. La vida se pierde en la oscuridad del bosque, luego nace la Madre en su plegaria hacia la luna. Ahora, domado como la geografía súbita, pastando a orillas del Pacífico surgieron los búhos con su presagio sobre mi cabeza ardiendo y alrededor del fuego mi familia cultivaba la memoria del río. Quedan las carretas estancadas en el barro… los bueyes arman su desfile, su brujería de cuernos y cuerpos. Un mensaje de los años venideros trae estas pisadas, esta multitud que descansa de su viaje por lo inconmensurable. ¡Si tuviera aquellos ojos, aquellos bichos en mi pelaje, la quietud de las charcas reflejando nubes! Por los bosques de Chile veo mi silueta en la ribera, en los remotos lugares del tiempo está de pie mi figura. Soy caminando una pregunta con un insecto en la mano.
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